ASODIRCOM presenta credenciales en Santiago con un conversatorio sobre el arte como
Autoridad no es imponer miedo
Yanira Fondeur
Promoviendo la Paz
Noviembre nos convoca a reflexionar sobre la familia y, especialmente, sobre la prevención de la violencia contra las mujeres y las niñas. Es una oportunidad para preguntarnos: ¿estamos educando con límites claros y consecuencias acorde con la edad o seguimos recurriendo a la violencia creyendo que así ejercemos autoridad?
Recordemos, amables lectores, que nuestros hijos e hijas aprenden mucho más de nuestras acciones que de nuestras palabras. Ante los gritos, aprenden a gritar, ante la violencia, pueden responder con miedo y heridas emocionales. La disciplina basada en malos tratos deja huellas que pueden acompañarlos durante toda la vida.
¿Cómo vamos a lograr que nuestras familias convivan con armonía si, como sociedad, seguimos reproduciendo y justificando métodos violentos de disciplina?
¿Por qué seguimos confundiendo autoridad con temor? Educar es establecer límites claros y corregir conductas sin llegar a la humillación, el maltrato o la intimidación.
Unicef presentó recientemente los resultados de una investigación que evidencia esta realidad: el 54.9 de los niños y niñas dominicanos de 1 a 14 años ha experimentado métodos violentos de disciplina de parte de sus cuidadores.
Educar no es maltratar. Si una conducta de nuestros hijos e hijas nos disgusta, debemos regular primero nuestras emociones para ayudarles a comprender qué hicieron mal, sin lastimar su integridad. Es necesario establecer consecuencias acordes con su edad, pero jamás recurrir a las agresiones.
La violencia genera más violencia. La formación comienza en cada hogar y se refuerza en los centros educativos, pero corresponde principalmente a la familia cultivar valores como el respeto, la empatía y la solidaridad.
Los niños y niñas que sufren maltrato físico o emocional en sus hogares pueden ser más vulnerables a experimentar violencia en otros entornos.
La familia ha sido, es y seguirá siendo esa primera gran empresa que debemos construir sobre relaciones sanas. Toda cosecha dependerá de lo que hayamos sembrado. No podemos esperar resultados diferentes si continuamos transmitiendo patrones de crianza basados en la violencia.
La crianza respetuosa no significa ausencia de autoridad ni de límites, significa enseñar, corregir y orientar sin maltratar.
¿Cómo podemos pedirles a nuestros hijos e hijas que resuelvan sus conflictos sin malos tratos, si nuestras propias enseñanzas les muestran que deben obedecer por miedo?
Educar para la paz comienza en casa. La autoridad que deja huellas positivas no es la que consigue obediencia por miedo, sino la que enseña con respeto, firmeza y amor. De esa formación depende, en buena medida, la sociedad que estamos construyendo para las próximas generaciones.
La autora es la presidenta de la Fundación Vida Sin Violencia
@Yanira_Fondeur
