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Josep Gausachs: Conversaciones con quienes ya no pueden responder
Juan José Mesa
Tiempo y calma

Para esta conversación tuve que hacer algo poco habitual: viajar hacia atrás en el tiempo. Me trasladé a 1947, cuando Josep Gausachs todavía podía hablar de su obra, para formularle una pregunta a partir de un dibujo suyo.
La pregunta es mía. La respuesta, no. Lo que sigue son palabras que Gausachs dejó entonces. Hoy, casi ochenta años después, vuelvo a ponerlas frente a su obra para escuchar qué nos dicen.
Juan José: Maestro Gausachs, ¿qué se propuso resolver con este dibujo y qué satisfacción encuentra en el resultado?
Josep Gausachs: «Quise resolver un problema de síntesis y no representa para mí otra cosa que un cuadro más. Desde el punto de vista estético, no tengo ninguna amargura, insatisfacción tampoco.
Estoy muy contento de él. He preferido seleccionarlo yo mismo. Es un dibujo de 1947. Sin ánimo de caer en la perogrullada, debo decir que me costó hacerlo los treinta y cinco años que llevo pintando y cinco minutos más.

En cuanto al “Salón de Otoño”, posee una gran simpatía en razón a su espontaneidad».
Hay frases que sobreviven a quien las pronunció. Esta es una de ellas. En esas pocas palabras aparece algo esencial de Gausachs: el artista que sabe que la síntesis no nace de la rapidez, sino de todo aquello que la precede. Treinta y cinco años de pintura y cinco minutos más.
Gausachs se encontraba entonces lejos de Barcelona y en el exilio, pero su presencia artística seguía teniendo un lugar allí: el Salón de Otoño de 1948 le dedicó una sala especial para presentar su obra. Quizá por eso esta conversación imaginaria no necesita inventarle una respuesta. Basta con volver a escuchar la que dejó.
Centro de Estudios del Arte Caribeño (CEAC).
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