Cuando el calor altera el equilibrio emocional
Por Rosely Rojas, M.Sc.
Salir de un lugar, montarse en el vehículo, volver a desmontarse, cargar bultos, pendientes, preocupaciones y, encima, este golpe de calor. A veces pareciera que vamos encendiendo un caldero sin termómetro que nos grite en rojo: te vas a quemar, o ¿es que lo tenemos en modo silencio?
Quemarse, curiosa palabra. También la usamos cuando estamos irritables, molestos o al borde de explotar, ¿te hace sentido? Tal vez sí explica por qué un día cualquiera se cae el café que acabas de comprar y terminas gritándole al tránsito entero de la ciudad. Y no, quizás no era solamente “un mal día”.
El calor extremo también afecta cómo nos sentimos y cómo reaccionamos. Cuando las temperaturas aumentan, el cuerpo hace un esfuerzo constante por regularse: aumenta el agotamiento, la incomodidad física, el sudor, la deshidratación y el estrés fisiológico. Todo eso influye en nuestro estado emocional.
Diversas investigaciones han encontrado relación entre el calor extremo y un aumento en la irritabilidad, impulsividad y agresividad. Incluso, la autorregulación emocional puede sentirse como un campo de batalla en días especialmente calurosos.
Ojo, entender esto no significa usar el calor como permiso para descontrolarnos. Pero sí nos ayuda a comprender que somos seres humanos: cuerpo, mente y emociones funcionando al mismo tiempo.
Y en este punto me gustaría que hagamos una pausa muy importante: la ira no es una emoción mala. En realidad, la necesitamos. La ira puede ayudarnos a reconocer injusticias, identificar límites rotos y protegernos. Enojarme puede ayudarme a notar cuando alguien cruzó una línea importante para mí, o incluso cuando yo mismo sobrepaso mis propios límites internos.
El problema aquí no suele ser sentir la ira. El problema es lo que hacemos con ella, cómo gestionamos ese fuego intenso que se enciende en el interior. Porque discutir con el motorista que casi te choca, bajo un sol que derrite hasta la paciencia, probablemente no siempre termina siendo una gran idea. Hay batallas que no vale la pena pelear desde el sistema nervioso completamente encendido. Y así como necesitamos aprender a regular, también necesitamos dejar de pelear con el calor como si fuera un enemigo absoluto. Y wow, qué contradicción tan humana: el mismo sol que puede agotarnos también nos da energía, vitamina D y hasta influye positivamente en nuestro estado de ánimo.
En climas excesivamente fríos, de hecho, muchas personas experimentan más síntomas depresivos o desmotivación, y es que, como todo en la vida, el balance importa. Quizás estos días el cuerpo no necesita tanta exigencia, sino más cuidado: hidratarte mejor, descansar, bajar el ritmo cuando sea posible, no acumular tensiones innecesarias y practicar más asertividad que impulsividad. Y sí… tal vez también cogerlo un poquito más suave con los choferes imprudentes.
La autora es Psicóloga clínica y de la salud, psicoterapeuta cognitivo conductual.
