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Democracia sí, candidatos no; seis de cada diez no votaron
- El estudio “La abstención electoral en la República Dominicana: voto nacional y en el exterior”, realizado por IIDH-CAPEL, el 74 % considera que la democracia es el mejor sistema, pero el desencanto con las candidaturas, las propuestas y el funcionamiento de la política aleja a los ciudadanos de las urnas.
- La abstención llegó al 60.8 % en los diez municipios con más electores. La falta de candidatos convincentes y la desconfianza en el sistema pesaron más que la apatía.
- Los mítines fueron rechazados por el 44.4 %; los candidatos, por el 41.2 %; la campaña electoral, por el 38.4 %; los resultados, por el 37.1 %, y las propuestas presentadas, por el 36.8 %.
La abstención electoral alcanzó el 60.8 % en los diez municipios dominicanos con mayor cantidad de inscritos, uno de los hallazgos que más claramente revela el peso urbano del alejamiento de las urnas. El fenómeno coincide con una participación nacional que en 2024 apenas llegó al 54.3 % en las elecciones presidenciales y congresuales, lejos del promedio histórico de 72 % registrado desde 1978.
Las explicaciones ofrecidas por quienes no votaron apuntan principalmente al funcionamiento del sistema político. El 19 % dijo que ningún candidato logró convencerlo; el 14 % manifestó desconfianza en el sistema; el 8 % consideró que no había buenas propuestas y el 5 % relacionó su abstención con la corrupción. Tres de las cuatro razones principales constituyen cuestionamientos directos a la oferta partidaria y a las instituciones, antes que expresiones de simple apatía.
Los datos constan en el estudio “La abstención electoral en la República Dominicana: voto nacional y en el exterior”, presentado este miércoles por la Junta Central Electoral (JCE), durante un acto encabezado por su presidente, Román Andrés Jáquez Liranzo, junto con los miembros titulares del Pleno y representantes de los partidos políticos. Participaron también autoridades del Tribunal Superior Electoral, delegados de organizaciones sociales y religiosas, así como José Thompson, director ejecutivo del Instituto Interamericano de Derechos Humanos y su Centro de Asesoría y Promoción Electoral (IIDH-CAPEL), institución responsable de la investigación.
“La abstención electoral no puede ser reducida únicamente a una cifra. Detrás de cada porcentaje hay personas, circunstancias, percepciones y decisiones que es necesario conocer y analizar”, afirmó Thompson.
Participaron en el acto los miembros titulares Dolores Fernández Sánchez, Samir Chami Isa, Hirayda Marcelle Fernández Guzmán y Rafael Armando Vallejo Santelises, así como también el secretario general, Sonne Beltré. Presentes, además, los miembros suplentes Prado López, Cristian Perdomo, María Estela de León, Anibelca Rosario y Tony Tejada, así como el cuerpo directivo y personal de la institución.
Por el IIDH-CAPEL también asistieron Sofía Vincenzi, coordinadora del proyecto y los coordinadores Jenny Nathaly Torres, Ronald Alfaro Redondo y Óscar Picado Joao.

José Thompson, director ejecutivo del IIDH-CAPEL.
El trabajo, coordinado por Luis Mario Rodríguez, tomó un año y tres meses e incluyó 2,535 encuestas probabilísticas: 1,535 en el territorio nacional y 1,000 entre dominicanos residentes en el exterior. También incorporó 48 entrevistas en profundidad, grupos focales y consultas con autoridades electorales, partidos, académicos y representantes de la sociedad civil.
La encuesta nacional abarcó las 31 provincias y el Distrito Nacional. Fue aplicada entre el 10 y el 15 de agosto de 2025 a personas que se abstuvieron en 2024 y tiene un margen de error declarado de más o menos 2.8 puntos porcentuales.
La pandemia no explica por sí sola el retroceso
En las elecciones presidenciales de 2020, celebradas durante la crisis sanitaria, la abstención fue de 44.7 %. Cuatro años después, sin aquellas restricciones, subió a 45.6 %. En el nivel municipal fue todavía mayor: 53.3 %.
Esa continuidad llevó a los investigadores a descartar que la pandemia sea una explicación suficiente. La presentación describe el fenómeno como estructural y lo vincula con una combinación de desconfianza, desencanto con las candidaturas, debilidad de las propuestas, condiciones laborales y obstáculos de acceso.
Entre las razones prácticas para no votar aparecen la obligación de trabajar, citada por el 8 %; la falta de interés en la política, también con 8 %, y no disponer del documento requerido para votar, con 5 %. Un 15 % agrupó otras circunstancias personales.
Los datos muestran, además, que la edad y el género tienen una capacidad explicativa limitada. La participación atribuida a la generación Z fue de 54 %, frente al 55 % entre los llamados baby boomers. Entre las mujeres alcanzó 53 % y entre los hombres 51 %.
Las diferencias se hacen más amplias cuando se observa la ocupación. La participación llegó a 66 % entre profesionales, 63 % entre agricultores y 62 % entre empleados públicos. Bajó a 40 % entre trabajadores privados, 32 % entre pensionados y 30 % entre desempleados.
La investigación también identifica una brecha entre las zonas urbanas y las rurales. En los espacios urbanos, donde se concentra la mayor parte del electorado, la participación fue de alrededor de 45 %. El dato ayuda a explicar la elevada abstención encontrada en los diez municipios con más personas inscritas.

Respaldo a la democracia, pero rechazo a la oferta electoral
El distanciamiento de las urnas no equivale necesariamente a un rechazo del sistema democrático. El 74 % de las personas consultadas en el país afirmó que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno. En el exterior, la proporción fue de 70.7 %. Apenas un 5 % se inclinó por un gobierno autoritario.
La contradicción aparece cuando se evalúa la práctica política. Los mítines fueron rechazados por el 44.4 %; los candidatos, por el 41.2 %; la campaña electoral, por el 38.4 %; los resultados, por el 37.1 %, y las propuestas presentadas, por el 36.8 %.
El clientelismo político recibió una valoración negativa del 74.4 % de los encuestados. Le siguieron el incumplimiento de las promesas de campaña, con 73.5 %, y la ética de los dirigentes, con 61.8 %.
Algunos componentes del sistema conservaron apreciaciones favorables. La tradición democrática fue valorada positivamente por el 55.9 %, la imparcialidad de la autoridad electoral por el 49.2 % y los símbolos de los partidos por el 43.3 %.
Los resultados retratan a un ciudadano que mantiene su adhesión a la democracia, pero encuentra pocas razones para participar en la competencia electoral disponible. No se trata, por tanto, de una renuncia uniforme a la política, sino de una ruptura entre el respaldo al régimen democrático y la confianza en quienes lo representan.
Falta de información y educación electoral
El estudio encontró que el 41 % de los encuestados en el país no recibió educación cívica o electoral. En el exterior, la proporción fue de 33 %. A esto se agrega que el 38 % de los consultados en territorio nacional y el 27.17 % de los residentes fuera del país dijeron sentirse poco informados.
La investigación propone reforzar la educación cívica desde la escuela, mejorar la comunicación de las instituciones electorales y desarrollar mensajes específicos para jóvenes, trabajadores y comunidades con bajos niveles de participación.
También plantea revisar las campañas. Los investigadores entienden que los partidos necesitan sustituir los actos masivos y las ofertas generales por mecanismos de contacto más cercanos, propuestas concretas y procesos internos capaces de fortalecer la credibilidad de sus candidaturas.

En el exterior, ocho de cada diez no votaron
El caso más extremo se encuentra fuera del territorio dominicano. De un padrón de 863,784 electores -equivalente al 10.6 % del registro nacional- solo votó alrededor del 19 %. La abstención alcanzó el 81 %.
La participación en el exterior ha seguido una trayectoria descendente: pasó de 52 % en 2016 a 23 % en 2020 y a 19 % en 2024. La presentación señala que entre los inscritos de 18 a 34 años la participación fue de apenas 1 % en los dos últimos procesos electorales.
No es una población desconectada del país. El 74 % posee educación secundaria o universitaria, el 73.4 % está empleado y el 70.2 % envía remesas a República Dominicana.
Los testimonios recogidos describen dificultades concretas: electores obligados a recorrer hasta 500 kilómetros o viajar durante seis horas, jornadas laborales dominicales, cambios o cancelaciones de recintos, falta de información y registros que no reflejan las mudanzas frecuentes de la diáspora.
Frente a esas barreras, el informe propone estudiar el voto anticipado, las jornadas de votación de varios días, el voto postal y una incorporación gradual de mecanismos digitales con controles biométricos. Para el territorio nacional también menciona la actualización del registro, la georreferenciación de los centros, el voto en casa y el sufragio de personas en prisión preventiva.

Román Jáquez, presidente de la JCE.
Jáquez Liranzo pidió que las conclusiones no sean asumidas como un ataque contra instituciones o actores particulares.
“Debemos entenderla como una alerta que merece nuestra atención y acción. Y debemos atenderla ahora, luego podría ser tarde”, advirtió el presidente de la JCE.
La institución creó una subcomisión sobre abstención nacional y en el exterior dentro del Diálogo por la Integridad Electoral. Su conformación fue aprobada el 15 de diciembre de 2025, casi nueve meses antes de la presentación pública del estudio.
Fuente: presentación y documentos suministrados por la JCE y el IIDH-CAPEL.
