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EDITORIAL Autismo: Cuando el país se sienta en una misma mesa
La 3ra Semana de Concienciación sobre el Autismo, celebrada en Ágora junto a la exposición “Alto Relieve: a dos voces” de Fernando Gabriel Quiroz Flaviá, dejó una señal que trasciende cualquier agenda de actividades. No fue solo un evento bien logrado. Fue la demostración de algo que el país necesita con urgencia: la capacidad de articular.
Bajo la coordinación de Fernando Quiroz e Iranna Flaviá Luciano, coincidieron en un mismo espacio actores que rara vez se encuentran de manera efectiva: la Procuraduría General de la República, el CONADIS, el CAID, el SeNaSa, junto a fundaciones, especialistas y familias. No es habitual ver reunidos, al mismo tiempo, a quienes tienen responsabilidad directa en esta realidad.
Ahí hay una lección. Ninguna institución, por sí sola, puede dar respuesta completa al autismo. Se requiere conexión, continuidad y una idea clara de corresponsabilidad. Lo que se vio durante esos días se parece más a lo que debería ser un sistema funcionando que a un hecho aislado.
La presencia de la procuradora general, Yeni Berenice Reynoso, tampoco fue decorativa. Su llamado a respetar la dignidad de las personas con autismo y sus familias, junto con la presentación del programa “Nosotros”, colocó el tema en un plano institucional que va más allá de la concienciación. Introdujo un elemento clave: pasar del discurso a hechos concretos.
La agenda acompañó ese enfoque. No se limitó a informar. Permitió comprender el autismo desde distintas miradas: la técnica, la familiar y la humana. Hubo ciencia, experiencia, arte y vida real. Esa combinación no es casual. Es la forma más honesta de acercarse a una condición que no cabe en una sola explicación.
Pero lo importante no es solo lo que se logró, sino lo que dejó en evidencia.
Falta que esa articulación deje de ser excepcional. Las familias no necesitan coincidencias puntuales, sino respuestas permanentes. No pueden seguir dependiendo del esfuerzo individual para acceder a servicios que deberían estar garantizados.
Duele reconocer que, pese a los avances en el discurso, muchas realidades siguen intactas. Duele cuando una madre o un padre tiene que elegir entre trabajar o cuidar. Duele cuando las terapias siguen siendo inaccesibles para muchos. Duele cuando la inclusión se pronuncia, pero no se practica.
Y preocupa lo que no se cumple. Existe una ley, existen compromisos, existe mayor visibilidad. Pero la distancia entre lo establecido y la vida cotidiana de las familias sigue siendo amplia. Ahí es donde se mide la seriedad de un país frente a este tema.
En medio de todo, la obra de Fernando Gabriel recordó algo esencial: detrás de cada política hay una vida que busca expresarse, ser comprendida y ocupar su lugar con dignidad. El arte no estuvo de adorno. Le dio sentido a todo.
Lo vivido en Ágora no puede quedarse como una buena experiencia. Tiene que asumirse como punto de partida. Porque si fue posible reunir a todos esos actores, también debe ser posible sostener ese esfuerzo en el tiempo.
El reto es claro: pasar del encuentro a la acción.
Porque las familias no viven esta realidad por tres días. La viven todos los días.
