Editorial | El mundo con Venezuela
Hay escenas que estremecen incluso a quienes las observan desde la distancia. Un padre removiendo piedras con las manos para encontrar a su hija. Una madre aferrada al teléfono esperando una llamada que no llega.
Familias enteras pasando la noche frente a montañas de escombros con la esperanza de escuchar una voz. Esa es la realidad que hoy vive Venezuela tras los dos terremotos de la tarde de este miércoles.
Los terremotos no solo derrumbaron edificios.
También alteraron la vida de miles de personas en cuestión de segundos. Las cifras de fallecidos y heridos siguen aumentando, pero hay un número imposible de medir: el de quienes esperan noticias de un ser querido desaparecido. Esa incertidumbre es una de las formas más dolorosas de una tragedia.
Por eso las primeras 72 horas son tan importantes. Los especialistas saben que durante ese período todavía existen posibilidades de encontrar sobrevivientes entre las estructuras colapsadas. Cada minuto puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Cada rescatista que llega representa una nueva oportunidad.
El mundo ha comenzado a responder. Equipos de búsqueda y rescate, personal médico y ayuda humanitaria viajan hacia las zonas afectadas con un mismo propósito: salvar vidas y acompañar a quienes lo han perdido casi todo.
La República Dominicana también ha extendido su mano. Un contingente de rescatistas militares especializados partió hacia Venezuela para unirse a las labores de búsqueda y rescate. Es un gesto que refleja el valor de la solidaridad cuando más se necesita.
Ahora también nos corresponde a nosotros. En las próximas horas comenzarán a anunciarse centros de acopio para recibir alimentos no perecederos, medicamentos, agua, productos de higiene y otros artículos de primera necesidad. Cuando llegue ese momento, cada aporte contará. Ninguna ayuda es pequeña cuando una familia lo ha perdido todo.
Hoy las imágenes muestran edificios derrumbados. Mañana comenzará otra tarea igual de difícil: reconstruir hogares, comunidades y proyectos de vida. Pero antes de pensar en levantar paredes, hay vidas que aún esperan ser encontradas.
Venezuela necesita de sus rescatistas. Necesita de la ayuda internacional. Y necesita de la solidaridad de todos. Porque frente a una tragedia de esta magnitud, la mejor respuesta siempre será tender la mano.
