Francis Halzen gana el Nobel de Física por abrir una nueva ventana
EDITORIAL: El sentido de la Navidad
La Navidad nos convoca a algo más profundo que luces, regalos o encuentros sociales. Nos invita a recordar el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios, y con él, un mensaje que sigue siendo tan incómodo como vigente: amor, sacrificio, solidaridad y humanidad.
Pero recordar no basta. La gran pregunta es cómo honramos su nombre.
¿Es suficiente mencionarlo, celebrarlo, invocarlo?
¿O la fe se demuestra, sobre todo, en lo que hacemos con ella?
En medio de los retos que enfrenta hoy la República Dominicana y el mundo —la incertidumbre, la desigualdad, la violencia, la enfermedad— la Navidad nos obliga a mirarnos por dentro y preguntarnos cuál es nuestro propósito en la vida.
Qué hacemos por nosotros, sí, pero también qué hacemos por los demás.
Qué hacemos por quienes viven con enfermedades físicas o mentales.
Por los privados de libertad, tantas veces invisibles.
Por los seres queridos que ya no están físicamente, pero siguen habitando nuestra memoria y nuestro corazón.
Que no olvidemos los hogares de adultos mayores, vencidos por el tiempo, pero ricos en legado. Hombres y mujeres que nos precedieron, que construyeron caminos y hoy esperan, muchas veces en silencio, una visita, una palabra, una señal de gratitud.
Que tampoco olvidemos a los niños y niñas huérfanos, recluidos no solo sin juguetes, sino con pocas razones para reír. Infancias marcadas por la ausencia, que necesitan más que regalos: necesitan presencia, ternura y futuro.
La Navidad tiene esa mezcla inevitable de alegría y nostalgia. Celebramos la vida, pero también sentimos las ausencias. Sonrisas que conviven con silencios. Abrazos que no llegan. Y aun así, el mensaje permanece: el amor no se pierde, se transforma.
Este tiempo también nos invita a reflexionar sobre lo logrado y lo pendiente en este 2025 que se despide. Sobre las metas cumplidas y las que no fueron posibles. No para castigarnos, sino para aprender, crecer y llenarnos de las mejores expectativas para el año que llega.
La fe se expresa en gestos sencillos pero poderosos:
un alimento compartido,
un medicamento que alivia,
un abrazo que reconforta.
Pero también en una advertencia necesaria: no nos embriaguemos de la vanidad ni del egoísmo. Que el ruido no ahogue la conciencia, ni la abundancia nos haga olvidar al que menos tiene.
Y, por encima de todo, prudencia.
Cuidar la vida propia y la de los demás.
Entender que cada decisión cuenta, que cada acto responsable también es un acto de amor.
Ese es el espíritu.
Ese es el verdadero sentido de la Navidad.
Que no se quede en una fecha, sino que nos acompañe todo el año.
Que la fe no sea solo palabra, sino acción.
Y que, al final, podamos decir que honramos el mensaje que nació aquella noche humilde, pero eterna.
Felices fiestas, llenas de paz, amor y solidaridad, son nuestros deseos.
Aplatanao News
