EDITORIAL El valor detrás de cada medalla
La República Dominicana cerró los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 con razones de sobra para celebrar. La delegación nacional conquistó 150 medallas: 46 de oro, 37 de plata y 67 de bronce, para ocupar la quinta posición del medallero general.
Se trata de la mayor cosecha dominicana en la historia de estos Juegos y de una actuación que confirma el crecimiento y la capacidad competitiva de nuestros atletas en el escenario internacional.
Pero detrás de cada una de esas medallas hay una historia que las estadísticas no cuentan.
Hay años de entrenamiento, madrugadas, lesiones, limitaciones económicas, viajes y sacrificios. Hay también familias que acompañan, sostienen y muchas veces asumen una parte importante del costo humano y económico que implica formar a un atleta de alto rendimiento.
Nuestros atletas son héroes y heroínas. Muchos han tenido que vencer adversidades antes de llegar a una pista, una cancha, una piscina, un tatami o cualquier otro escenario de competencia.
Por eso, terminado el entusiasmo de los Juegos, corresponde pensar en lo que viene. El país debe procurar un seguimiento más humano e integral a sus atletas y sus familias, no solamente cuando se acercan las grandes competencias o cuando llegan las medallas.
Ese acompañamiento debe contemplar su preparación, salud física y emocional, educación y condiciones económicas. Un atleta que cuenta con estabilidad y respaldo puede concentrarse mejor en entrenar, competir y representar al país.
El reconocimiento debe alcanzar igualmente a quienes vistieron los colores nacionales y no lograron subir al podio. Que no se desanimen. También representaron dignamente a la República Dominicana. Llegar hasta unos Juegos Centroamericanos y del Caribe exige disciplina, talento y perseverancia. Probablemente en otra ocasión llegará la medalla por la que tanto han trabajado.
Santo Domingo 2026 deja, además, una valoración positiva para el país como sede de un acontecimiento deportivo internacional de esta magnitud. La República Dominicana volvió a ser una gran anfitriona.
Merecen felicitaciones el Gobierno dominicano, las autoridades deportivas, el Comité Organizador, las federaciones, entrenadores, técnicos, personal médico, voluntarios y todos aquellos que, desde distintas responsabilidades, contribuyeron al desarrollo de los Juegos.
Ahora corresponde aprovechar lo alcanzado.
Las 150 medallas y el quinto lugar no deben verse solamente como el balance final de una competencia, sino como una base para seguir fortaleciendo nuestro deporte, apoyar el talento y ofrecer mejores condiciones a quienes llevan sobre sus hombros la responsabilidad y el orgullo de representar la bandera dominicana.
Cuando terminen los aplausos, que no termine el respaldo.
Felicidades a nuestros atletas y a sus familias. Felicidades, República Dominicana. Vamos por más.
