Por Manuel Mota-Castillo, Psiquiatra
Hemos visto muchas películas, documentales y noticias recientes que nos muestran cómo ciertas personas y grupos quieren imponer sus ideas, en ocasiones con violencia, a segmentos sociales que no las comparten. Por ejemplo: personas ahorcadas en USA por ser de raza negra; mujeres golpeadas y asesinadas por no llevar la cabeza cubierta; carros y casas vandalizados por desplegar un cartel o una calcomanía de un partido político.
O la madre de un paciente que decide cambiar de psiquiatra porque no procedía darle una carta para evitar vacunar a su hijo. En este caso daré más detalles porque es un tema de actualidad, menos controversial que el racismo, la xenofobia y posiciones políticas radicales.
Como sabemos, las vacunas han evitado pandemias como las de la Viruela, Polio, Sarampión, Tosferina, etc. Nadie las cuestionaba hasta que la prestigiosa revista médica Lancet publicó (1998) un reporte de Andrew Wakefield en el que sugería una conexión entre la vacuna contra la Papera, Rubéola y el Sarampión. Esto destapó una ola de especulaciones y afirmaciones sin base científica que perduran, a pesar de que en 2010 el autor se retractó y dijo que había manipulado los datos. También se reveló que el doctor Wakefield tenía conexiones con abogados que estaban demandando a las compañías productoras de vacunas.
No era necesario que se retractara porque el movimiento anti-vacuna solo tiene fuerza en países como Estados Unidos e Inglaterra, ya que en la mayoría de países nadie cuestiona el papel de los biológicos. Los “anti-vacunas” también mencionan el peligro del mercurio y, aunque ese mineral ha sido removido, continúa la desinformación sobre el tema.
¿Qué dicen los expertos sobre el fanatismo?
En 2004, el reputado psiquiatra Dr. Carl Bell publicó un artículo en el Journal of Psychiatric Services titulado Racismo: ¿Una Enfermedad Mental?, en el cual dice que, en la mayoría de los casos, el racismo es un comportamiento aprendido. Luego presenta varios escenarios en los que el rechazo a otras razas podría estar ligado a un trastorno mental: individuos con paranoia podrían proyectar sentimientos inaceptables hacia otras personas o grupos.
Y agrega: ¿no es posible que una persona traumatizada por la acción de un individuo de otra raza pueda albergar actitudes racistas hacia ese grupo racial?. Y sugiere que personas con trastornos de personalidad paranoide o narcisista podrían estar más predispuestos al racismo que alguien sin esos problemas.
Otro eminente profesor de psiquiatría, Ronald W. Pies, publicó (2007) en la revista Psychiatric Times un ensayo titulado ¿Es el Fanatismo una Enfermad Mental?, en el cual presenta el fundamento científico para establecer cualquier nuevo diagnóstico. A pesar de haber sido víctima de xenofobia en la escuela secundaria donde estudió, al oeste de Nueva York, el doctor Pies mantiene la ecuanimidad científica que le caracteriza y dice:
Pienso que la psiquiatría debe aprender de la historia de la medicina general. Históricamente, los doctores suelen iniciar el avance en la conceptualización de una enfermedad a partir de la identificación de un síndrome.
Esto es, un grupo específico de síntomas y signos que podemos observar con gran consistencia y regularidad. Un síndrome se considera como una enfermedad específica cuando uno o más de los siguientes criterios están presente: 1- un patrón de transmisión genética ha sido identificado mediante un locus genético específico; 2- la pato-fisiología del síndrome y su anatomía patológica es razonablemente bien entendida; 3- el curso, pronóstico y respuesta a tratamiento del síndrome son relativamente predecibles y uniforme en varios grupos poblacionales.
Más adelante, el doctor Pies presenta el caso hipotético de un paciente que dice: Doctor, tengo unos sentimientos increíblemente intensos de rabia y odio hacia gente de (país X). Sé que no es normal y me gustaría cambiar, pero no puedo. Estos sentimientos y pensamientos me avergüenzan, me atormentan día y noche. Casi no puedo dormir o comer sintiéndome de esta manera.
Y entonces explica que un paciente así reúne las características de alguien que sufre por una enfermedad incapacitante que merece nuestra compasión y tratamiento. Y a seguidas agrega: el tipo de sufrimiento que planteo no debe ser solo las consecuencias de acciones xenófobas o racistas, como sería el caso de ser encarcelado luego de haber cometido un asalto con motivación racial.
En palabras mías, lo que he podido encontrar es que el fanatismo/xenofobia/chouvinismo/supremacismo blanco, etc., no reúne los criterios para ser considerado enfermedad mental. Aunque, por otro lado, muchos reportes científicos mencionan que muchas de las personas con esas tendencias también tienen rasgos de sociopatía, narcisismo y/o paranoia.