El movimiento “Bloqueemos todo” amenaza con colapsar Francia en medio de la crisis gubernamental
La protesta arranca este miércoles con un despliegue de 80.000 agentes para contener los bloqueos de carreteras, aeropuertos y servicios estratégico.
Francia se prepara para una de las jornadas de protesta más tensas de los últimos años. Este miércoles, el movimiento “Bloqueemos todo” pretende paralizar transportes, carreteras y servicios estratégicos en rechazo a las medidas de austeridad que impulsaba el primer ministro Francois Bayrou antes de su caída por una moción de censura en la Asamblea Nacional.
La convocatoria llega en un momento de vacío político, con un Gobierno en funciones y Emmanuel Macron intentando recomponer su gabinete tras haber nombrado a Sébastien Lecornu como nuevo jefe de Gobierno, el cuarto en menos de un año. La escena recuerda a la crisis abierta en 2018 con los chalecos amarrilos, aunque el contexto es distinto: un ejecutivo debilitado, un movimiento social más joven y un clima internacional más incierto.
Para contener la movilización, el Ministerio del Interior ha anunciado el despliegue de 80.000 policías y gendarmes en todo el país. Se trata de una cifra excepcional que incluye refuerzos de helicópteros, drones y vehículos blindados.
Bruno Retailleau, ministro del Interior en funciones, fue tajante: “No se tolerará ninguna clase de bloqueo”, declaró en una rueda de prensa. Las autoridades temen que pequeñas células radicales aprovechen la jornada para atacar infraestructuras sensibles como refinerías, estaciones de tren o mercados de abastos.

En paralelo, Francia quedó sacudida por un hecho inquietante: la víspera, la policía encontró cabezas de cerdo con el nombre de Macron inscrito en carteles junto a nueve mezquitas en París y su periferia. El hallazgo, confirmado por la prefectura, ha encendido las alarmas sobre un posible intento de desestabilización con inspiración externa. Según la agencia Associated Press, las autoridades sospechan de una operación de injerencia, evocando precedentes de desinformación vinculados a Rusia.
En el terreno, la jornada amenaza con golpear sectores neurálgicos de la vida cotidiana. En París, los operadores de transporte prevén un impacto limitado en metro, autobuses y tranvías, que funcionarían casi con normalidad, pero no así en los trenes de cercanías (RER y SNCF), donde se esperan interrupciones más severas. En los aeropuertos, la Dirección General de Aviación Civil ordenó reducir en un 50 % los vuelos entre las 18:00 h y las 24:00 h en Niza y Córcega.
Las carreteras y autopistas serán otro de los escenarios centrales. Los organizadores han llamado a bloquear rotondas y accesos en la región parisina, incluida la circunvalación de la capital y nudos estratégicos como Châtelet o Les Halles. También se esperan acciones en puertos, refinerías y depósitos de combustible. Según Le Monde, el movimiento prevé “cientos de bloqueos” a lo largo del territorio, con participación de unas 100.000 personas.

“Bloqueemos todo” surgió en verano a partir de grupos en redes sociales y aplicaciones de mensajería encriptada. Su objetivo inicial fue detener el plan de presupuestos de 2026 que Bayrou había preparado, con recortes en programas sociales, congelación de prestaciones y la supresión de dos días festivos. La indignación fue inmediata y se amplificó en plataformas digitales, dando lugar a un movimiento apartidista, sin portavoces oficiales, que recuerda en sus formas al nacimiento de los chalecos amarillos hace siete años.
Las similitudes no acaban ahí. En 2018, los chalecos amarillos organizaron bloqueos en rotondas periurbanas contra un impuesto al combustible, antes de expandir sus reivindicaciones hacia la desigualdad y el abandono de las zonas rurales. Macron acabó reculando en parte de sus medidas. En cambio, “Bloqueemos todo” presenta un perfil ideológico más de izquierda, con fuerte presencia de jóvenes y afinidad con causas progresistas. Entre sus exigencias figuran el restablecimiento de la jubilación a los 60 años, controles a los precios del alquiler, inversión en educación y sanidad, y medidas ecológicas como la prohibición de pesticidas y la cancelación de megaproyectos hidráulicos.
El movimiento también reclama la dimisión del presidente, al que responsabilizan de haber favorecido a las grandes fortunas en detrimento de las clases populares. Esa hostilidad contra el jefe de Estado conecta con un malestar más amplio, que ya en 2023 estalló contra la reforma de las pensiones.
Fuente/ Infobae
Autor/ Samuel Losada Iriarte
