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ENTREVISTA Psiquiatra Vicente Vargas: Una sociedad violenta enferma la mente
El país ha normalizado el maltrato.
Serie de investigación: “SOS para salvar vidas de mujeres” II

El país ha normalizado el maltrato emocional y físico. Muchos hombres crecieron viendo a sus padres insultar o golpear a sus madres, y repiten ese patrón sin percibirlo como violencia. “Cuando la agresión se aprende desde la infancia, se vuelve parte del lenguaje afectivo”, advierte el psiquiatra Vicente Vargas Lemonier, referente nacional en salud mental.
En ese círculo vicioso, las mujeres soportan por miedo o dependencia, y los hijos aprenden que amar y someter pueden coexistir. Así, el machismo se hereda como un modelo inconsciente de masculinidad dominante.
La violencia que mata mujeres en República Dominicana, sostiene Vargas, no puede entenderse sin mirar el entorno social que la produce. “Es un fenómeno sistémico”, afirma. La precariedad en los servicios básicos, la falta de oportunidades, el estrés económico y la frustración cotidiana generan un clima de agresividad que termina reproduciéndose en los hogares.
“Una sociedad con carencias y desconfianza genera personas heridas, y esas heridas se traducen en violencia”, plantea el especialista.
Para Vargas, la raíz del problema está también en la falta de atención preventiva. El sistema de salud mental sigue rezagado y sin capacidad real de respuesta. Faltan psicólogos en los hospitales, terapeutas en las fiscalías y programas de educación emocional en las escuelas.
En los últimos veinte años (2005–2025), 3,483 mujeres han muerto de forma violenta en la República Dominicana. De ellas, 1,802 fueron víctimas de feminicidios, un promedio de ocho cada mes, casi siempre a manos de sus parejas o exparejas, conforme a los registros de la Procuraduría General de la República hasta marzo pasado.
El psiquiatra propone que el Estado desarrolle redes comunitarias con profesionales formados para intervenir antes del golpe, antes del trauma, antes del crimen.
1 Salud mental y violencia extrema
Pregunta: Doctor Vargas, ¿qué tan directamente vinculado está el deterioro de la salud mental con los feminicidios y la violencia intrafamiliar en la República Dominicana? ¿Hay signos clínicos o conductuales que suelen repetirse antes de que ocurra una tragedia?
Respuesta:
La violencia tiene raíces estructurales. Proviene de una sociedad donde los servicios básicos -luz, agua, seguridad, transporte, empleo, costo de la vida- generan tensiones permanentes que se traducen en frustración y agresividad. Esa violencia social termina reflejándose en la familia y en las relaciones interpersonales.
Cuando una persona vive bajo presión constante o siente que ha perdido el control de su entorno, puede desarrollar reacciones extremas: ataques, homicidios o feminicidios.
Al mismo tiempo, esos hechos generan un ciclo inverso: aumentan la ansiedad, la depresión y la desconfianza en la sociedad. Por eso insisto en que la violencia y la salud mental son parte de un mismo sistema: una sociedad violenta enferma la mente, y una mente enferma perpetúa la violencia.
2 La sociedad y la normalización del maltrato
P: ¿Hasta qué punto la sociedad dominicana ha normalizado las expresiones de violencia emocional, verbal o psicológica en las relaciones de pareja? ¿Cómo influye esa “cultura de tolerancia” en el incremento de los casos graves?
R: En la medida en que la violencia se repite en el hogar y se ve como algo cotidiano, se normaliza.
Un niño que crece viendo a su padre maltratar a su madre, ya sea con palabras, agresiones físicas o infidelidades, termina creyendo que eso es parte natural de una relación.
Muchas madres, por miedo o dependencia económica, soportan ese maltrato “por el bien de los hijos”. Pero ese sacrificio tiene un efecto perverso: el hijo aprende que el hombre puede ser agresivo o infiel y que la mujer debe aguantarlo.
Así se perpetúa el machismo y se forma una cadena intergeneracional de violencia. Lo que un niño observa como normal, lo repite como adulto.
3 El perfil del agresor y la intervención temprana
P: Desde su experiencia, ¿existe un perfil psiquiátrico o de personalidad recurrente entre los agresores? ¿Debería el Estado implementar evaluaciones o terapias de control emocional como política preventiva?
R: Sí, hay patrones identificables. Los estudios muestran que los agresores -en su mayoría hombres que han matado o agredido a sus parejas- comparten ciertas características: rango de edad intermedio, bajo nivel educativo, celos patológicos, baja tolerancia a la frustración y antecedentes de haber crecido en entornos violentos.
No todos los hombres violentos cumplen ese perfil, pero el análisis de los casos permite definir factores de riesgo.
Por eso el Estado debería establecer programas de manejo emocional y control de impulsos para hombres con antecedentes de violencia o denuncias previas. La prevención psicológica es tan importante como la sanción penal.
4 Vacíos institucionales y acceso a salud mental
P: ¿Considera que el sistema de salud dominicano está preparado para atender los trastornos asociados a la violencia de pareja?
R: No, el sistema de salud mental no está preparado. Falta personal, formación y presencia territorial.
Debería haber psicólogos y psiquiatras asignados a los barrios, escuelas, juntas de vecinos e iglesias, capaces de detectar focos de violencia antes de que estallen.
El trabajo preventivo puede articularse con instituciones comunitarias -escuelas, iglesias, partidos- para que los vecinos identifiquen y refieran familias en riesgo.
Una intervención oportuna puede salvar vidas. No eliminaría la violencia por completo, pero sí reduciría significativamente su frecuencia.

5 Prevención y reconstrucción emocional
P: ¿Qué estrategias considera esenciales para cambiar el patrón emocional y cultural que genera relaciones violentas?
R: La prevención debe tener tres pilares: educación emocional, apoyo psicológico y justicia efectiva.
La Justicia y la Policía deben actuar con rapidez; los hogares de acogida deben fortalecerse. Pero tan importante como eso es la educación masiva, especialmente dirigida a los hombres agresores y a las mujeres víctimas.
Hay experiencias exitosas en el país, como los programas de reeducación de hombres violentos impulsados por el psicólogo Luis Bergés y los programas de acompañamiento a mujeres liderados por Soraya Lara.
Además, hay cientos de psicólogos capacitados -y otros que podrían formarse- para trabajar en la prevención y educación comunitaria.
También es clave enseñar a las mujeres a identificar señales tempranas de control o agresión, y ayudarlas a manejar emocionalmente las relaciones conflictivas.
Cuando hombres y mujeres logren reducir su reactividad y aprendan a relacionarse desde la empatía, la sociedad dará un paso firme hacia la erradicación de los feminicidios.
Perfil de Vicente Vargas Lemonier
Médico Psiquiatra. Terapeuta de pareja y de familia.
Especialista en terapia familiar contextual y ética, terapia multigeneracional, análisis transaccional y terapia cognitivo-conductual.
Posee maestrías en Terapia Sexual, Psicofarmacología, Bioética y Administración Pública.
Ha sido presidente de la Sociedad Dominicana de Psiquiatría y de la Sociedad Centroamericana y del Caribe de Psiquiatría.
Profesor de Bioética y Psicoterapia, con más de 45 años de experiencia en entrenamiento para el Crecimiento Humano y el Desarrollo Personal, tanto a nivel grupal como organizacional.

Nota del editor:
La participación del doctor Vicente Vargas, maestro de la psiquiatría en la región, aporta a Aplatanao News una dimensión científica y humana de alto valor.
Su visión permite comprender la violencia de género más allá de los hechos, como un reflejo profundo de la salud mental colectiva. Esta contribución enriquece la serie “SOS para salvar vidas de mujeres”, reafirmando el compromiso del medio con un periodismo riguroso, responsable y socialmente útil.
TRABAJO DE FONDO APLATANAO
Fernando Quiroz / Director Aplatanao News
