Escuchar también salva vidas
Yanira Fondeur
Promoviendo la Paz
Una abuela con escucha activa, conciencia y objetividad pudo salvar la vida a una nieta, de apenas cinco años, luego de que la pequeña le pidiera auxilio tras sufrir múltiples abusos brutales de su propia madre, quien violentaba su derecho a vivir libre de todo tipo de violencia.
“Abuela, ayúdame” imploró la infanta. La mujer, actuando con la sensatez que ameritaba el caso presentó la denuncia. La madre agresora fue detenida y la niña rescatada por la Unidad de Violencia de Genero de Verón Punta Cana, donde residían.
El hecho consternó a la ciudadanía por las graves lesiones que sufrió la menor. Según se conoció a través de las redes sociales, el informe médico legal revelaba cicatrices de mordeduras y marcas provocadas por objetos como planchas, palos, alambres y correas.
¡Qué gran abuso de poder de parte de esa progenitora! Un acto inadmisible e intolerable, porque bien sabemos que la violencia no tiene justificación alguna, y mucho menos cuando se ejerce contra una niña de apenas cinco años, vulnerable y dependiente del ser que le dio vida.
Cuando tratamos con violencia a los menores, ellos terminan normalizando esa conducta, los que les afecta psicológicamente: no se sienten aceptados, ni amados, ni muchos menos protegidos, aumentando así su baja autoestima.
De ahí la importancia la importancia de que los adultos de su entorno tengamos una buena escucha y una comunicación asertiva, para corregir conductas desde el amor, con límites claros, pero jamás lesionándolos física o psicológicamente.
Dedicarle tiempo de calidad para conocer los sentimientos de los niños es vital para descubrir si son víctimas de violencia y temen decirlo por amenazas que suelen recibir de parte de la persona agresora.
Como adultos debemos escuchar sin juzgar y nunca silenciar un abuso tan brutal por defender a quien ha actuado sin piedad, sin empatía y sin el más mínimo rastro de sensibilidad humana.
Pensar en el dolor sufrido por esa niña y por decenas de otras que a diario son abusadas, nos recuerda el compromiso social que tenemos de aportar a la prevención de la violencia a través de la educación, herramienta esencial para transformar una sociedad violenta en una en que podamos convivir con más respeto, igualdad y paz.
Cuando los infantes crecen sintiéndose amados y protegidos, llegan a la adultez con más seguridad y conciencia de sus derechos.
El amor no hiere, no duele, no angustia, no provoca lágrimas, insomnio, vergüenza, ni aislamiento. El buen amor acepta, admira, se siente bendecido y proporciona paz.
La autora es la presidenta de la Fundación Vida Sin Violencia
@Yanira_Fondeur
