Henry Molina a jueces: Su única lealtad es con la ley; su único jefe es la Constitución
El juez presidente de la Suprema Corte de Justicia (SCJ) Henry Molina
aseguró que la independencia judicial, lejos de ser un privilegio de los jueces, es una
garantía de la ciudadanía, al entender que un Poder Judicial fuerte no se legitima por la
popularidad de sus decisiones, sino por la fidelidad a la Constitución y las leyes.
El magistrado Molina habló durante la apertura del acto de designación e ingreso a la carrera de jueces y juezas 2023
A continuación, su discurso íntegro:
“Ciudadana vicepresidenta constitucional de la República, Raquel Peña,
Magistradas y magistrados de la Suprema Corte de Justicia;
Y del Consejo del Poder Judicial;
Juezas, jueces y servidores judiciales;
Distinguidos integrantes de la comunidad jurídica, familiares y amigos de nuestros nuevos jueces y juezas que hoy nos acompañan; señoras y señores.
Hoy compartimos un momento de profundo significado institucional.
En este acto, el Estado se expresa en su forma más elevada, no solo al conferir un nombramiento, sino al reafirmar su pacto con la ley, la convivencia pacífica y la dignidad de las personas.
Señor presidente, su presencia como jefe de Estado confiere a esta ceremonia la solemnidad propia de un auténtico acto de Estado y envía un mensaje claro a la nación: la justicia constituye el cimiento sobre el que descansa nuestra democracia constitucional.
La toga que hoy reciben simboliza servicio público; es una responsabilidad asumida ante la República y ante su gente, que exige cuidar, cada día, la independencia judicial como condición esencial de nuestra libertad.
Vivimos tiempos complejos para las democracias en todo el mundo.
El juez presidente de la Suprema Corte de Canadá, Richard Wagner, nos advertía recientemente que existe una creciente inestabilidad en las democracias occidentales y que “sus instituciones son más frágiles de lo que solemos creer”.
Esa advertencia encierra una verdad esencial: el Estado de Derecho no es una conquista definitiva, sino una construcción permanente que debe reforzarse y consolidarse cada día.
Si las sociedades descuidan la independencia de quienes administran justicia, se debilita la democracia.
Para evitar ese deterioro, la República Dominicana ha construido un escudo: la carrera judicial. Sin ella, la independencia judicial se vuelve una promesa vacía; con ella, se convierte en una garantía efectiva.
Nuestro país ha recorrido este camino con decisión, desde la reforma constitucional de 1994, que sembró la semilla de la independencia, hasta la Ley de Carrera Judicial de 1998, que la convirtió en estructura permanente del sistema.
La independencia judicial no es un privilegio de los jueces; es una garantía de la ciudadanía. Un Poder Judicial fuerte no se legitima por la popularidad de sus decisiones, sino por su fidelidad a la Constitución y a las leyes.
La justicia cumple una función contramayoritaria: proteger derechos, incluso, y sobre todo, cuando hacerlo resulta impopular.
Cuando un juez puede decidir sin temor, ajeno a presiones externas y sin cálculos fuera del Derecho, la sociedad gana en certeza, en igualdad y en confianza.
Así, la independencia judicial deja de ser una aspiración abstracta y se convierte en una garantía concreta para la ciudadanía y en un pilar efectivo de nuestra democracia constitucional.
Y es que los sistemas de carrera judicial consolidan esa garantía para que quienes juzgan, lo hagan desde el mérito, la formación y la experiencia acumulada, y no desde la necesidad de agradar, convencer o prometer, fortaleciendo así la confianza pública en las decisiones judiciales.
La legitimidad democrática del juez se construye en su práctica cotidiana: escuchar activamente, estudiar con detenimiento cada caso, aplicar el derecho desde la sana crítica, motivar con rigor y asumir su decisión con responsabilidad, integridad y valentía, incluso cuando hacerlo resulte impopular.
La carrera judicial se sostiene sobre un principio esencial: el mérito como criterio de ingreso y permanencia. Esa es la garantía de que la independencia no esté atada a voluntades externas, sino a capacidades demostradas.
Hoy, ocho nuevos jueces y juezas ingresan formalmente a la Carrera Judicial. Lo hacen tras superar cada etapa del proceso con disciplina y compromiso. Y los felicito por ello.
La asignación de sus plazas se realizó estrictamente siguiendo el orden de sus calificaciones. Este procedimiento es un claro mensaje que el Poder Judicial envía a la sociedad: el esfuerzo y la excelencia constituyen el único camino legítimo para ejercer la judicatura. Aquí no hay atajos.
Los jueces y juezas de paz son el rostro más cercano de la justicia ante la ciudadanía. Para muchos dominicanos, ustedes serán el primer y quizás único contacto con el sistema.
Esa cercanía exige claridad, prudencia y ética. Cada expediente contiene una historia humana, un conflicto vecinal, una angustia familiar. Y cada historia demanda escucha atenta, trato digno y una humanidad que no renuncie al rigor jurídico.
La justicia cercana y humana solo es posible cuando quienes la imparten actúan con integridad y coherencia personal.
Ustedes ingresan al servicio judicial en un momento en que el país ha fortalecido la confianza en sus instituciones judiciales. La justicia vive una transformación profunda. La digitalidad y la inteligencia artificial nos han permitido ampliar el acceso, la eficiencia y la transparencia.
Pero en un mundo marcado por la desinformación, la mayor fortaleza del Poder Judicial seguirá siendo la calidad de sus decisiones y la integridad de quienes las dictan.
Les exhorto a perseverar en la formación continua, a respetar el escalafón como vía de crecimiento y a ejercer la judicatura con imparcialidad, sensibilidad y compromiso democrático.
A partir de hoy, ustedes no son la misma persona. Ahora son jueces de la república, y como tal tienen una etica y una conducta etica y moral que exibir.
Al proteger la carrera judicial con su comportamiento ético, protegen la libertad y los derechos de todos los dominicanos.
Señoras y señores, nuevos jueces:
Hoy hay luces, aplausos y la presencia de las más altas autoridades de la Nación. Pero mañana, cuando se sienten en sus despachos, estarán solos frente a su conciencia y frente a la Constitución.
Ese es el momento de la verdad.
Llegarán días difíciles. Llegarán momentos en que la decisión correcta será la más criticada; momentos en que la presión, la opinión pública o los intereses de la coyuntura intentarán doblar su criterio o ponerles una etiqueta.
En esos momentos, recuerden la defensa histórica que hizo el Juez presidente de los Estados Unidos, Chief Justice John Roberts Jr., sobre la esencia misma de nuestra labor:
«No tenemos jueces de Obama ni jueces de Trump, jueces de Bush o jueces de Clinton. Lo que tenemos es un extraordinario grupo de jueces dedicados que hacen su mejor esfuerzo para impartir justicia por igual a las personas que comparecen ante ellos. Esa rama judicial independiente es algo de lo que todos deberíamos estar agradecidos».
Hagan suya esa premisa. En la República Dominicana no hay jueces de un sector ni de otro; ustedes no pertenecen a nadie más que a la Ley.
Por eso, les exhorto a tener la valentía de ser justos cuando nadie aplauda. Tengan el coraje de fallar conforme al Derecho, aunque el entorno exija lo contrario. La independencia no se demuestra en la calma, se prueba en la tormenta.
No permitan que nada ni nadie interfiera en su sagrado deber. Su única lealtad es con la Ley; su único jefe es la Constitución; y su único compromiso es con la dignidad del pueblo dominicano.
¡Sean los jueces que la República Dominicana merece y necesita, hoy y siempre!
Muchas gracias.
Henry Molina
Juez presidente de la
Suprema Corte de Justicia
Miércoles17 de diciembre 2025, 9:00 a.m.
Sala Augusta de la Suprema Corte de Justicia
