Historiador José G. Guerrero hace precisiones sobre el llamado milagro de la Virgen de las Mercedes en el Santo Cerro
Santo Domingo.- El historiador José G. Guerrero, director del Museo Nacional de Historia y Geografía, durante una reciente conferencia en el Museo de la Catedral ofreció una serie de precisiones históricas sobre el llamado milagro del Santo Cerro en relación con la Virgen de las Mercedes.
En primer lugar, aclaró que el milagro del Santo Cerro no consistió en la aparición de la Virgen de las Mercedes durante una supuesta batalla de 1495, en la que los españoles habrían derrotado a los indígenas gracias a su intercesión. Para esa fecha no existían sacerdotes mercedarios en la isla ni se había introducido su imagen o culto, y además la batalla no se realizó en ese lugar. Ninguno de los cronistas de la época -Colón, Pané, Mártir de Anglería, Ovando, Las Casas, Oviedo ni Pedro Suárez de Deza, primer obispo de La Vega entre 1513 y 1522- mencionó tal prodigio.
Explicó que la asociación de la Virgen de las Mercedes con el Santo Cerro es tardía. Los primeros en mencionarla en ese contexto fueron los historiadores Del Monte y Tejada en 1853, José Gabriel García en 1894 y Bernardo Pichardo en 1922, a través de libros de texto.
El culto mercedario en el Santo Cerro se consolidó a partir de 1853-1857, cuando el sacerdote vegano Dionisio de Moya, cumpliendo una promesa hecha durante un naufragio, reconstruyó el santuario destruido por el terremoto de 1842. Otro hito importante fue la construcción de la actual iglesia de las Mercedes en 1888.
Guerrero destacó que la riqueza literaria, histórica y antropológica del Santo Cerro radica en la mezcla de leyendas poéticas y tradiciones fantásticas con un trasfondo histórico muy antiguo, como lo reconoció Emilio Rodríguez Demorizi. En efecto, allí se entrelazan de manera anacrónica: la cruz plantada por Colón en 1494, las batallas de 1495 y 1497 entre españoles e indígenas, una aparición de la Virgen de las Mercedes en el siglo XIX, la figura de un capellán mercedario que nunca vino a la isla y una devoción popular que desde 1734 celebra cada 24 de septiembre la fiesta mercedaria.

El historiador explicó que el verdadero milagro fue la cruz colocada en el cerro por orden de Cristóbal Colón, venerada por españoles e indígenas antes de 1527, según fray Bartolomé de las Casas. El primer documento que la menciona es el codicilo firmado por el virrey Diego Colón en 1520. En 1525, una relación dirigida al emperador Carlos V recogió la primera referencia a la cruz y a la aparición de “una mujer de Castilla, muy hermosa, encima de la cruz, vista por los indios”.
La devoción se extendió después del terremoto de 1562 que destruyó la ciudad de La Vega, pero no afectó el lugar donde estaba la cruz. Considerada protectora contra sismos y tempestades, el madero fue cortado en varias ocasiones, aunque seguía creciendo. Con el tiempo se redujo a una pequeña vara de la que se fabricaron dos cruces, de las cuales solo una se conserva en el Museo de la Catedral de Santo Domingo. Del hoyo donde estuvo la cruz se extraía tierra o polvo que era utilizado como remedio para enfermos desahuciados.
El milagro se conoció en España y América cuando Antonio de Herrera publicó en 1601 la primera crónica oficial sobre el tema, en la que mencionó la fortaleza construida por Colón en La Vega y la cruz del Cerro Grande. Más tarde, en 1622, añadió el relato de una batalla, ubicando el hecho hacia 1514. Según su narración, los indígenas intentaron derribar e incendiar la cruz, pero lo impidió la visión de una “hermosa y venerable mujer puesta en un brazo de la cruz”. Herrera no la identificó con la Virgen de las Mercedes; sin embargo, uno de los grabados que acompañaban su obra mostraba lo que parecía ser una Virgen con un Niño en brazos sobre la cruz.
Guerrero recordó que la batalla decisiva de Colón contra los indígenas ocurrió el 25 de marzo de 1495, entre Mao y Esperanza, muy lejos del Santo Cerro. Así lo demostraron Apolinar Tejera en 1908 y Casimiro Nemecio de Moya en 1911. Más recientemente, Edwin Espinal ubicó el enfrentamiento en el Batey No. 1 de Usamita, en Esperanza. Esta batalla se confundió con otra librada en 1497 contra el cacique Guarionex y otros catorce caciques cerca del fuerte de la Concepción de La Vega.
Finalmente, el historiador subrayó que la Virgen de las Mercedes posee la tradición más extensa entre las advocaciones marianas vinculadas a la historia dominicana. Su popularidad no proviene del Santo Cerro, sino de su proclamación como patrona de la ciudad y de la isla en 1617, después de proteger a Santo Domingo de un terremoto y un ciclón. Documentos posteriores refieren su intervención contra los ingleses en 1655, su invocación en la batalla del Limonade en 1691 (junto a la Virgen de la Altagracia y Santiago Apóstol), su presencia en el estandarte de la batalla de Palo Hincado en 1809, la distribución de un manifiesto separatista durante su fiesta en el Santo Cerro en 1843, la pausa de la Constituyente de 1844 para celebrar una misa mercedaria antes de promulgar la primera Constitución, su invocación en la batalla de Santomé en 1855 y la instalación en 1865, por parte del presidente Cabral, del primer gobierno nacional restaurado en la iglesia mercedaria de Santo Domingo.
“La tardía y errónea asociación de la Virgen de las Mercedes con un milagro inexistente en el Santo Cerro no puede empañar el extraordinario papel que ha jugado su culto en la defensa patriótica del territorio y de la nación dominicana. No debe olvidarse que fue la Virgen proclamada por nuestros patricios y por el pueblo dominicano tanto en la separación de Haití como en la Restauración de la República frente a España”, concluyó Guerrero.
