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Hotel Guacamayos: Un pedacito entre el cielo y las montañas
Iranna Flaviá Luciano
Turisteando
Mientras menos planificamos las cosas, mejores salen. Así podría describirse nuestra Semana Santa, llena de emoción y dinamismo. Desde el principio, no nos animábamos a nada debido al bajo ánimo y perspectivas colectivas. Habíamos salido recientemente de un hecho lamentable en nuestro país, lo que tenía a todos sin muchos planes para esta semana.
Mi esposo, buscando un lugar cercano donde recrearnos y que nuestro niño Fernando Gabriel pudiera disfrutar, encontró en las redes el Hotel y Villas Guacamayos. Me lo comentó y rápidamente acepté la invitación. Busqué en Instagram para conocer más del lugar y noté una conexión divertida entre sus empleados, además de que el lugar lucía bien en las fotos.
Era sábado, día en que muchas personas que han pasado unos días fuera optan por regresar, cuando decidimos hacer el viaje. Llamé por teléfono para averiguar el costo y demás detalles, indicando que iba a visitarlos con un niño especial. Amablemente, en recepción tomaron los datos de mi reserva sin poner peros. Poco después, llamaron para confirmar la reservación de manera muy amable, y confirmé.
El sábado, entre bultos y preparativos, iniciamos el viaje por la carretera Duarte. Mi esposo Fernando Quiroz me dijo que en poco tiempo llegaríamos, ya que no estaba lejos. Esto fue de las cosas que más me gustó: carretera despejada con pocas personas, mucha asistencia en todo el camino por la defensa civil, paso rápido, y en poco tiempo puse mi GPS, que nos iba indicando el camino.
Ya casi entrando en Bonao, los letreros indicaban claramente hacia dónde desplazarnos para tomar el camino. Nos adentramos por una carretera interna que, luego de un pequeño puente a unos 18 kilómetros, nos conecta con el hotel. Desde el camino observé la vibra del lugar: limpio, silencioso, decente, casas muy modestas de cibaeños muy sanos. Al mirar al cielo en el camino, vi neblina, señal de que estábamos casi llegando.
En poco tiempo estábamos allá, viendo el Hotel Guacamayos entre el cielo y las montañas. El recibimiento fue caluroso, con excelente acogida en el counter de recepción por parte de su personal, quienes incluso nos recomendaron la piscina más tranquila y segura para el niño.
Llegamos en hora de almuerzo, por lo que nos dirigimos al buffet ubicado en el Restaurante Jabalí, que guarda una muy buena relación de precio y calidad. Tiene variedad y el personal lo sirve con mucho entusiasmo. Si no sabes de qué se trata algún platillo, te lo explican amablemente. Comimos bastante y a gusto. Nuestro Fernando Gabriel encontró en Hotel Guacamayos una comida fresca, abundante, y sobre todo, sus platillos preferidos como pizza y pechurinas de pollo. A mí lo que más me gustó fue el Trifongo, una mezcla de plátano maduro, plátano verde y masa de cerdo jabalí, lo que el personal decía con mucho entusiasmo: cerdo de la montaña.
Terminamos de comer y nos dirigimos a la piscina grande del hotel, con buen ambiente y muchos extranjeros. Decidimos ir a una más tranquila al frente. Nos encontramos con dos piscinas muy grandes, pero sobre todo bajitas, lo que de inmediato significó tranquilidad para mí. Aunque no me baño, mi niño con condición y su padre sí. Ese día la música estaba muy buena, y más tarde amenizaba un DJ.
¿Recomiendo el Hotel Guacamayos? ¡Claro que sí! Un lugar cerca de la capital, con un precio excelente, comida súper buena, trato agradable por parte del personal e instalaciones hermosas. Hermoso paisaje que lo rodea, lo que lo hace un lugar ideal para actividades y para toda la familia.
