Joaquín Balaguer: el único dominicano que presidió siete veces la República
Joaquín Balaguer: el único dominicano que presidió siete veces la República
Su legado no admite una sola versión. Modernizó infraestructuras, protegió espacios naturales y dejó una vasta obra escrita. También gobernó bajo represión, concentró el poder y protagonizó elecciones profundamente cuestionadas.
Las construcciones permanecen; las familias de los muertos y desaparecidos continúan reclamando respuestas.
Fernando Quiroz
Joaquín Balaguer atravesó casi todo el siglo XX dominicano desde una posición excepcional. Sirvió durante tres décadas a Rafael Leónidas Trujillo, sobrevivió a la caída de la dictadura, conoció el exilio, regresó una guerra y gobernó el país durante 22 años. Encabezó siete administraciones presidenciales, una marca no alcanzada por ningún otro dominicano.
Es necesario precisar que no fue elegido siete veces. Llegó por primera vez a la Presidencia en 1960, como vicepresidente que sustituyó a Héctor Bienvenido Trujillo. Después encabezó los gobiernos iniciados en 1966, 1970, 1974, 1986, 1990 y 1994. Seis periodos comenzaron mediante elecciones, aunque varios de esos procesos fueron cuestionados.
Nació el 1 de septiembre de 1906 en Navarrete, provincia de Santiago. Fue hijo de Joaquín Balaguer Lespier y Carmen Celia Ricardo Heureaux y el único varón entre siete hermanas. El hogar, la devoción por sus padres y la cercanía con sus hermanas permanecieron como referencias afectivas de un hombre extremadamente reservado.
Desde joven sintió pasión por la poesía. Publicó versos, estudió Derecho y escribió en el periódico La Información, de Santiago. Llegó a afirmar que su verdadera vocación era el periodismo. La literatura nunca sería un adorno en su carrera: fue poeta, ensayista, crítico, biógrafo, historiador y memorialista.

La asonada de 1930 que derribó a Horacio Vásquez y abrió el camino a Trujillo coincidió con sus primeros pasos en la administración pública. Balaguer ocupó funciones judiciales, diplomáticas y educativas hasta convertirse en uno de los civiles más preparados del régimen. Fue diplomático, subsecretario, embajador, secretario de Educación y canciller. También utilizó su talento para exaltar a Trujillo, mediante discursos y textos que forman parte inseparable de su responsabilidad intelectual durante la dictadura.
En 1957 fue elegido vicepresidente en la fórmula encabezada por Héctor Bienvenido Trujillo. Cuando este renunció en 1960, Balaguer asumió la Presidencia, aunque el poder verdadero continuó en manos del dictador. Después del ajusticiamiento de Trujillo, el 30 de mayo de 1961, permaneció formalmente al frente del Estado y trató de sobrevivir entre la familia Trujillo, la oposición y la presión internacional.
Ante las Naciones Unidas prometió apertura y defendió la transición dominicana. Sin embargo, perdió el poder en enero de 1962, se refugió en la Nunciatura Apostólica y salió hacia Nueva York. Desde el exilio reorganizó su futuro político.
Regresó durante la crisis de 1965. En las elecciones del 1 de junio de 1966 derrotó a Juan Bosch, en una campaña marcada por la violencia, el predominio militar y la presencia de tropas internacionales. Tomó posesión el 1 de julio; los últimos integrantes de la Fuerza Interamericana de Paz abandonaron el país el 21 de septiembre.
Los Doce Años, entre 1966 y 1978, constituyen la etapa más controvertida de su vida. Balaguer estabilizó el Estado, impulsó la economía y extendió por el país una extraordinaria política de construcciones: carreteras, presas, canales, viviendas, avenidas, parques e instituciones culturales.
Durante aquellos gobiernos fueron levantados o desarrollados el Parque Mirador Sur, el Jardín Botánico, el Zoológico Nacional y la Plaza de la Cultura, con la Biblioteca Nacional, el Teatro Nacional y varios museos. La agricultura, el riego y la reforma agraria también ocuparon un lugar central en su visión del desarrollo.
Pero el cemento convivió con el miedo. Organismos militares, policiales y grupos parapoliciales persiguieron a opositores. La Banda Colorá se convirtió en símbolo de una violencia que Balaguer atribuyó a sectores “incontrolables”, aunque actuaban dentro de un Estado dirigido por él.
Amín Abel Hasbún fue asesinado en su casa en 1970 durante un operativo policial. Los Palmeros murieron en 1972 después de un cerco militar desproporcionado. Francisco Alberto Caamaño desembarcó por Playa Caracoles en 1973 para iniciar una guerrilla; las Fuerzas Armadas la desarticularon en trece días y anunciaron que Caamaño había muerto en combate, aunque testimonios posteriores sostuvieron que fue capturado herido y fusilado. En 1975 fue asesinado el periodista Orlando Martínez. Décadas después fueron condenados varios autores materiales, pero la autoría intelectual nunca quedó completamente esclarecida.
Balaguer fue reelegido en 1970 sin la participación del PRD, que alegó falta de garantías. En 1974, el Acuerdo de Santiago retiró la candidatura de Antonio Guzmán por persecuciones e intimidación. Otros candidatos menores permanecieron en ambas boletas, por lo que no es exacto afirmar que Balaguer compitió solo.

En 1978, Guzmán derrotó a Balaguer. Militares interrumpieron el conteo, pero la presión nacional e internacional obligó a reanudarlo. Balaguer aceptó finalmente la derrota y entregó el poder.
Ocho años después regresó. En 1986 venció estrechamente a Jacobo Majluta, favorecido por la división del PRD y la participación separada de Juan Bosch. Majluta denunció irregularidades y reclamó la revisión de numerosos votos anulados, pero no se completó una auditoría independiente que demostrara otro resultado.
Balaguer reanudó las grandes construcciones, pero la expansión del gasto terminó contribuyendo a inflación, escasez y crisis. Después de 1990 aplicó un programa de estabilización que restableció el equilibrio económico y preparó años de crecimiento.
En las elecciones de 1990 superó oficialmente a Bosch por 24,470 votos. El proceso presentó graves deficiencias y Bosch denunció un “fraude colosal”, aunque los observadores no pudieron reconstruir un resultado alternativo.

La crisis más grave ocurrió en 1994 frente a José Francisco Peña Gómez. La campaña explotó el origen haitiano y el color de piel del dirigente perredeísta. Balaguer fue proclamado por 22,281 votos, pero las investigaciones comprobaron que el número de electores excluidos del padrón superaba ampliamente esa diferencia. El Pacto por la Democracia redujo su mandato a dos años, prohibió la reelección consecutiva, estableció la segunda vuelta y separó las elecciones presidenciales de las congresuales y municipales.
Diez días después de aquellas votaciones desapareció Narciso González, Narcisazo, profesor y periodista que había denunciado el fraude. La Corte Interamericana estableció posteriormente la responsabilidad del Estado dominicano por su desaparición forzada. No probó que Balaguer impartiera personalmente la orden, pero el hecho ocurrió bajo su Gobierno y dentro de organismos estatales.
En 1996, impedido de reelegirse, Balaguer respaldó a Leonel Fernández frente a Peña Gómez. Cuatro años después, con 93 años, volvió a ser candidato y obtuvo el 24.60 % de los votos. Fue su última campaña.

Participó en las cumbres iberoamericanas de 1991 y 1992, donde coincidió con Fidel Castro y el rey Juan Carlos. Ronald Reagan lo recibió en la Casa Blanca en 1988 y en 1994 asistió a la Cumbre de las Américas convocada por Bill Clinton.
Nunca contrajo matrimonio ni reconoció públicamente descendencia, aunque varias personas afirmaron después ser hijos biológicos suyos. Sin reconocimiento documental o pruebas genéticas públicas, esas filiaciones no pueden presentarse como definitivamente comprobadas.
Escribió durante más de siete décadas. Entre sus obras figuran Tebaida lírica, La realidad dominicana, El Cristo de la libertad, La isla al revés, Los carpinteros y Memorias de un cortesano de la Era de Trujillo. En 1990 compartió con Bosch el Premio Nacional de Literatura. En sus memorias dejó una página en blanco sobre Orlando Martínez y murió sin llenarla.
Fue ingresado en la Clínica Abreu el 4 de julio de 2002 por una hemorragia gastrointestinal asociada a úlceras. Murió de un paro cardíaco en la madrugada del 14 de julio, a los 95 años. Después de tres días de duelo nacional, una multitud acompañó durante horas el cortejo hasta el cementerio Cristo Redentor, donde fue sepultado en el panteón familiar.

Su legado no admite una sola versión. Modernizó infraestructuras, protegió espacios naturales y dejó una vasta obra escrita. También gobernó bajo represión, concentró el poder y protagonizó elecciones profundamente cuestionadas. Las construcciones permanecen; las familias de los muertos y desaparecidos continúan reclamando respuestas.
Esa contradicción define al único dominicano que presidió siete veces la República: un hombre de letras y grandes obras que gobernó entre la admiración, el miedo y un silencio que la historia todavía intenta descifrar.
Entre las obras escritas por el autor, merecen especial mención las siguientes: El Cristo de la Libertad (Buenos Aires, 1950); Los Próceres Escritores (Buenos Aires, 1947); Letras Dominicanas (Santiago de los Caballeros, 1944); Historia de la Literatura Dominicana (Santo Domingo, 1955); Colón, Precursor Literario (Buenos Aires, 1958); Apuntes para una Historia Prosódica de la Métrica Castellana (publicada la 1.ª edición por el Instituto “Miguel de Cervantes”, de Filología Hispánica de Madrid, Madrid, 1954); Semblanzas Literarias (Buenos Aires, 1948); Literatura Dominicana (Buenos Aires, 1950), y Guía Emocional de la Ciudad Romántica (Santiago de los Caballeros, 1944).
Reporte especial de Investigación Aplatanao 360.
Elaborado mediante la consulta y el contraste de decenas de fuentes documentales, bibliográficas y hemerográficas.
Investigación, edición y dirección: Fernando Quiroz.
