Kevin, el joven con autismo que no habló hasta los seis años
Kevin, el joven con autismo que no habló hasta los seis años y hoy se expresa en seis idiomas
Con el apoyo de su familia transformó las barreras en idiomas, medallas y excelencia académica.
Por Fernando Quiroz

Por años, la familia de Kevin Manuel Ramírez Brito vivió entre terapias, incertidumbre y puertas que parecían cerrarse demasiado rápido.
A los tres años fue diagnosticado con Trastorno del Espectro Autista (TEA). Hasta los seis años no desarrolló lenguaje verbal. Mientras otros niños comenzaban a socializar y adaptarse a la rutina escolar, Kevin enfrentaba dificultades para comunicarse y procesar muchas de las dinámicas de su entorno.
Para sus padres, Manuel Elpidio Ramírez, abogado y militar pensionado, y María de Jesús Brito, farmacéutica, el proceso estuvo marcado por la búsqueda constante de oportunidades y espacios donde su hijo pudiera ser comprendido, incluido y acompañado adecuadamente.
Hoy, con 17 años, Kevin estudia segundo de secundaria en la Escuela República de Panamá, perteneciente al Distrito Educativo 10-04. Mantiene calificaciones entre 95 y 99 puntos, ganó las Olimpiadas de Inglés de su centro educativo. Actualmente se encuentra en proceso de nivelación ser promovido/nivelado a un grado más alto del nivel secundario.
Además, domina varios idiomas de manera autodidacta y obtuvo medalla de oro en natación representando a República Dominicana en los Juegos Latinoamericanos de Olimpiadas Especiales celebrados en Asunción, Paraguay.
Pero detrás de esos logros existe una historia de perseverancia, inclusión y resiliencia familiar.
El difícil camino hacia la inclusión escolar

Insertar a Kevin en el sistema educativo no fue sencillo. Su madre recuerda que varios colegios privados rechazaron su permanencia, aun cuando la familia asumía los costos requeridos y contrataba maestras sombra para asistirlo durante el proceso escolar.
Uno de los momentos más difíciles ocurrió cuando Kevin tenía ocho años. Durante una competencia deportiva sufrió una crisis emocional tras no obtener el primer lugar. Según relata la familia, el coordinador del centro le pidió describir a las personas que lo acompañaban y el niño utilizó comparaciones simbólicas para expresar cómo las percibía. Poco tiempo después, el colegio entregó una carta indicando que solo podría regresar si mejoraba su conducta.
La experiencia volvió a repetirse en otro centro educativo privado.
A los nueve años, otra institución solicitó evaluaciones psicológicas y psiquiátricas para determinar si Kevin estaba “apto” para compartir con otros estudiantes, alegando que su comportamiento afectaba al grupo.
“Eso me rompió el corazón”, recuerda su madre en el relato familiar.
El impacto emocional fue tan fuerte que durante un tiempo decidieron mantenerlo fuera de las aulas.
El cambio que transformó su historia

La vida de Kevin comenzó a cambiar cuando llegó al centro de rehabilitación Laura Vicuña. Allí, según cuenta la familia, encontraron comprensión, orientación y un acompañamiento humano que marcó un antes y un después en su desarrollo.
Más adelante ingresó al centro educativo Montesinos.
Inicialmente asistía solo tres días a la semana y en horario reducido. Sin embargo, pocos meses después, el centro decidió integrarlo a una aula regular en horario matutino junto a otros estudiantes.
“Mis ojos lloraron de alegría”, recuerda su madre al hablar de aquel momento.
Desde entonces, Kevin logró integrarse plenamente al entorno escolar, compartir aulas con otros 24 estudiantes y desarrollar un desempeño académico sobresaliente, sin reportes de bullying ni incidentes disciplinarios.
Aunque por las dificultades iniciales no cursó varios grados de manera convencional, comenzó a desarrollar habilidades que sorprendían incluso a sus propios familiares.
El niño que descubrió el mundo a través de los números y los idiomas
Mucho antes de hablar fluidamente, Kevin ya demostraba capacidades extraordinarias.
Su familia recuerda que memorizaba números telefónicos y podía repetirlos de adelante hacia atrás y viceversa. También aprendió por sí solo las tablas de multiplicar del 1 al 12, aun cuando todavía no estaba inmerso formalmente en procesos académicos avanzados.
Con el tiempo, otra habilidad comenzó a llamar la atención: los idiomas. Un día, su madre lo escuchó hablando ruso.
Sorprendida, le preguntó dónde lo había aprendido. Kevin respondió que utilizaba aplicaciones educativas para practicar distintos idiomas. Así comenzó a explorar inglés, ruso, italiano, alemán y portugués. Actualmente perfecciona francés en la Alianza Francesa, donde comparte clases con jóvenes de mayor edad.
Lo más llamativo para su familia es que gran parte de ese aprendizaje ha sido autodidacta.
En casa nadie domina esos idiomas, por lo que sus padres incluso acudieron a instituciones especializadas para evaluar el nivel que Kevin había alcanzado.
Además de las lenguas extranjeras, desarrolla un fuerte interés por las matemáticas, la programación y la robótica. También expresa un deseo muy particular: convertirse algún día en bombero para ayudar a salvar vidas durante desastres naturales.
Del silencio a las competencias internacionales
Kevin también encontró en el deporte otro espacio para crecer.
Forma parte de Olimpiadas Especiales en las disciplinas de tenis y natación. En 2024 participó en los IV Juegos Latinoamericanos celebrados en Asunción, Paraguay, donde conquistó medalla de oro en los 50 metros libre compitiendo frente a delegaciones de 15 países.
A nivel académico, sus resultados también reflejan constancia y disciplina.
Ganó las Olimpiadas de Inglés de su escuela y avanzó a la fase distrital, mientras mantiene calificaciones entre 95 y 99 puntos.
Una familia que aprendió a crecer junto a él
La historia de Kevin también es la historia de una familia que aprendió a comprender el autismo desde dentro.
Sus hermanos, Mariel Ramírez y Manuel de Jesús Ramírez, crecieron viendo a un niño que tardó años en hablar y que percibía el mundo de una manera distinta. Con el tiempo, esa convivencia fortaleció profundamente los vínculos familiares.
Mientras sus padres trabajaban, ambos permanecían atentos a Kevin, acompañándolo y ayudándolo en distintas etapas de crecimiento. Hoy, la familia asegura sentirse orgullosa de cada uno de sus avances y logros.
En el caso de Mariel Ramírez, abogada y locutora, la experiencia vivida junto a su hermano la llevó a impulsar “Un Mismo Corazón RD”, una iniciativa orientada a brindar apoyo integral a hermanos de personas con autismo, visibilizando una realidad que muchas veces permanece en silencio dentro de las familias.
El proyecto define a los hermanos como “el eslabón invisible del espectro autista”, al entender que, tras el diagnóstico, muchos asumen responsabilidades emocionales y familiares desde edades tempranas.
La propuesta busca impulsar crecimiento personal, oportunidades educativas, apoyo emocional e incidencia en políticas públicas para los llamados “hermanos azules”, promoviendo además una red de acompañamiento para las familias.
Más allá del diagnóstico
La historia de Kevin refleja también la realidad que todavía enfrentan muchas familias dominicanas con hijos dentro del Trastorno del Espectro Autista.
Las barreras para acceder a una educación verdaderamente inclusiva, la falta de comprensión sobre las conductas asociadas al espectro y los prejuicios sociales continúan siendo desafíos frecuentes para cientos de hogares.
Sin embargo, su trayectoria demuestra cómo el acompañamiento familiar, las terapias adecuadas, la inclusión educativa y el apoyo institucional pueden transformar vidas.
La Mesa de Diálogo por el Autismo ha valorado positivamente la trayectoria de Kevin Manuel Ramírez Brito, resaltando su perseverancia, disciplina y capacidad de superación como un ejemplo inspirador para otras familias y jóvenes dentro del espectro autista en República Dominicana.
Hoy, aquel niño que pasó años sin hablar y que encontró múltiples obstáculos para ser aceptado en las aulas, construye su camino entre idiomas, competencias deportivas, programación, matemáticas y sueños de servir a los demás.
Una historia que demuestra que el autismo no limita el talento, las capacidades ni la posibilidad de alcanzar grandes metas.
El autor es coordinador de la Mesa del Diálogo por el Autismo
