Paco y Lala resumen el sentir dominicano: Venezuela, aquí estamos
La mente del agresor dominicano: el poder, el miedo y la fragilidad detrás de la violencia
DOCTOR LUIS VERGÉS.
Serie de investigación: “SOS para salvar vidas de mujeres” III
Esta investigación revela la estructura psicológica del hombre violento en República Dominicana y el modelo terapéutico que busca prevenir la reincidencia y salvar la vida de las mujeres víctimas.
El poder no solo se ejerce con fuerza. También se construye con miedo, con silencios y con heridas invisibles. Así opera la mentalidad del hombre violento: una estructura emocional y cultural que se alimenta del control y del dominio, que convierte la relación en territorio y la vida en propiedad.
Esa mente no nace sola: se fabrica. Se forma en hogares donde la autoridad reemplaza al afecto, donde la ira es una respuesta normalizada y donde la masculinidad se enseña como poder, no como equilibrio. En República Dominicana, miles de hombres transitan ese ciclo de violencia, pero algunos logran romperlo.
El psicólogo Luis Vergés, quien dirigió el Centro de Intervención Conductual para Hombres desde su fundación en 2008 hasta hace poco, conoce ese proceso desde adentro. Su experiencia clínica, académica y humana lo convierte en una de las voces más autorizadas para hablar de la mente del agresor: de cómo se construye, cómo se justifica y cómo, en algunos casos, puede transformarse.
Con doctorado en Ciencias de la Salud por la Universidad de Almería (España) y ocho especialidades en neurociencias, psicología forense y terapia familiar, Vergés ha dedicado más de tres décadas a estudiar la violencia masculina. Su mirada ayuda a comprender que la prevención no se limita al castigo: implica intervenir en la raíz emocional y cultural del poder.

Entrevista al psicólogo Luis Vergés
Rasgos del hombre violento dominicano.
Pregunta Si tuviera que definir al hombre violento dominicano desde la perspectiva psicológica y social, ¿qué rasgos lo caracterizan y qué factores del entorno más influyen en su conducta?
Respuesta Estos hombres no son necesariamente enfermos mentales, sino personas con un desarrollo psicológico incompleto, moldeadas por sesgos culturales que legitiman el poder masculino. El agresor no nace, se fabrica: con carencias afectivas, ejemplos de abuso y una sociedad que le enseña que amar es poseer. La mente del hombre violento se forma dentro de una estructura social que lo educa para dominar, no para convivir. Desde temprana edad, muchos crecen en hogares donde la fuerza sustituye el diálogo y el control se confunde con autoridad. En ese entorno, la violencia se aprende como lenguaje cotidiano y se normaliza como mecanismo de resolución.
Emociones o distorsiones cognitivas.
P Desde su experiencia directa, ¿Cuáles son los patrones más frecuentes que observa en los hombres agresores? ¿Qué emociones o distorsiones cognitivas suelen estar detrás de los actos violentos?
R En el núcleo de la conducta violenta se encuentra un patrón de dominio que combina posesividad, control y distorsión del amor. Para el agresor, la pareja no es un igual, sino una extensión de sí mismo. La idea de que “ella me pertenece” es el detonante simbólico que legitima su poder, y cuando la mujer intenta romper ese vínculo, se activa la percepción de pérdida de control: el momento de mayor riesgo. Buscan coherencia entre su mapa mental —hecho de jerarquías y sometimiento— y una realidad donde esa estructura se derrumba. Entonces reaccionan con violencia para restablecer su autoridad. La violencia deja de ser un impulso y se convierte en una estrategia: se ejerce mediante el miedo, la culpa y el desgaste psicológico. Detrás de esa conducta se oculta un miedo más profundo: la incapacidad del agresor de sostener una relación en términos de igualdad. Su aparente fortaleza no es más que el disfraz de una fragilidad emocional aprendida.

Cambios conductuales o emocionales.
P ¿Qué se trabaja con los hombres dentro de las terapias? ¿Cuáles son los principales cambios conductuales o emocionales que se busca generar para prevenir la reincidencia en la violencia?
R El enfoque del centro se basa en tres ejes:
- Terapéutico: sesiones individuales para trabajar la raíz emocional del control.
- Educativo: charlas sobre responsabilidad, reparación del daño, autocontrol, empatía y autoconciencia.
- Formativo: ejercicios para que el participante aprenda a identificar y evaluar el impacto de sus emociones.
El proceso dura entre seis meses y dos años, dependiendo del nivel de peligrosidad. Muchos llegan con una historia de violencia que es también su propio reflejo. Provienen de hogares abusivos, disfuncionales, donde la violencia era parte del lenguaje familiar. Lo aprendido en la infancia se replica en la adultez.
Centro de Intervención Conductual para Hombres.
P Desde la creación del Centro Conductual, ¿Cuántos hombres han participado en los programas y qué porcentaje logra completar con éxito el proceso terapéutico?
R Desde su creación, el Centro de Intervención Conductual para Hombres ha atendido a más de 50,000 hombres remitidos por el sistema de justicia, con resultados tangibles: los hombres que completaron el programa no reincidieron ni asesinaron a una mujer. Se trata de un modelo ambulatorio. Los hombres asisten a sus terapias mientras mantienen sus actividades diarias. Cerca del 80 % completa el proceso, lo que constituye un logro en una población donde la negación y la resistencia son la norma.
P ¿Con qué limitaciones trabaja actualmente el Centro Conductual —recursos, seguimiento judicial, apoyo comunitario— y qué considera urgente fortalecer para lograr un verdadero impacto preventivo en el país?
R El Centro enfrenta las mismas limitaciones del sistema nacional: alta demanda, recursos limitados y carga emocional sobre su personal. Insisto en la necesidad de ampliar la cobertura territorial y fortalecer los programas de autocuidado profesional. Pese a ello, el modelo dominicano se estudia hoy como experiencia pionera de reeducación masculina en el Caribe, al demostrar que la prevención también pasa por transformar al agresor, no solo por castigar al culpable.

TRABAJO DE FONDO APLATANAO
En los últimos veinte años (2005–2025), 3,483 mujeres han muerto de forma violenta en la República Dominicana. De ellas, 1,802 fueron víctimas de feminicidios, un promedio de ocho cada mes, casi siempre a manos de sus parejas o exparejas, conforme a los registros de la Procuraduría General de la República hasta marzo pasado.
Paradójicamente, el hogar —que debería ser refugio— se ha convertido en el lugar más inseguro para ellas, según la investigación “SOS para salvar vidas de mujeres” de Aplatanao News, que documenta vacíos en las políticas públicas y amplifica las voces que exigen frenar la violencia feminicida, un drama de dimensión mundial.
El número de niños, niñas y adolescentes huérfanos a causa de feminicidios íntimos ha registrado un aumento del 46 % en lo que va de este año, según datos de la Fundación Vida Sin Violencia, que preside Yanira Fondeur. De acuerdo con la entidad, 51 feminicidios íntimos ocurridos en 2025 han dejado 79 huérfanos, frente a los 54 registrados en 2024, pero se advierte que hay un subregistro.
En esta serie, dos especialistas profesionales de la salud mental descifran la mente del agresor, mientras estudios académicos y fallos judiciales revelan cómo el país enfrenta -y aún falla- ante la violencia que mata mujeres. Una mirada inédita desde el Ministerio de Salud Pública ofrece nuevas perspectivas sobre un problema que sigue cobrando vidas y exige una respuesta nacional basada en prevención, educación y justicia.
Fernando Quiroz | Director Aplatanao News
