Proyecto de Presupuesto de 2027 superará los 34 mil millones de dólares
La Semanal y el desgaste mediático
Fernando Quiroz
Válvula de escape
El encuentro La Semanal con la Prensa, que cada lunes encabeza el presidente Luis Abinader en el Palacio Nacional, ha sido una iniciativa democrática, valiente e inusual en el país desde la esfera del Poder Ejecutivo.
El espacio, iniciado en agosto de 2023, en el tercer año de la primera gestión de Abinader, permite escuchar del mismo mandatario respuestas a diversos temas de interés, previo a una presentación del desempeño de un sector gubernamental, que procura controlar la narrativa.
La idea de este formato abierto, de acuerdo a sus creadores, es fortalecer la transparencia, el acceso a la información y la rendición de cuentas. Y en honor a la verdad, ha contribuido a reposicionar ministros y otros funcionarios, civiles o militares, aunque no necesariamente por los resultados positivos de sus gestiones. Es un arma de doble filo, pues el presidente se echa al hombro su gobierno y podría denotar incapacidad de su gabinete de informar sus ejecutorias con alas propias.
Como periodista en ejercicio desde hace más de 25 años, doy seguimiento a esta dinámica de información oficial, y puedo notar que como en muchas cosas en la vida, se va perdiendo la frescura de origen.
Son muchos los retos en la era de la sobreinformación, en estas sociedades de la inmediatez, donde los ciudadanos exigen respuestas rápidas, y que, a su vez, disponen de los medios que permite internet, para interactuar.
Ante estas realidades, cabe preguntar, ¿El Gobierno ha logrado el objetivo que procura con este encuentro?
Desde la ventana de la oposición ya escuchamos con frecuencia señalar que el Gobierno habla demasiado sin decir nada.

Defensores de la iniciativa presidencial pudieran argumentar que Las Mañaneras que inició el ex presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO), en diciembre de 2018, es diaria, y en cierto punto pudo ser parámetro para la versión dominicana. Hay que apuntar que la de AMLO tenía un determinado matiz doctrinario e ideológico, y la de Abinader es más técnica, informativa y menos confrontacional.
Pero desde la visión oficial dominicana también tienen que entrar en juego cuidar la imagen del jefe de Estado. Porque en estos menesteres no se trata de rutina de comunicación gubernamental a expensas de la sobreexposición presidencial.
Con frecuencia el Gobierno enfrenta crisis y vacíos de comunicación, ante la falta de respuestas oportunas, como cuando un camión de bomberos llega tarde al incendio. En muchos de esos casos es el mismo presidente, al margen de La Semanal, que da la cara con declaraciones tras asistir a actos públicos o privados.
Además, no hay que ser un experto para saber que estas presentaciones tan consecutivas pueden llevar a errores verbales y a malos entendidos. En algunos casos, el presidente se ha mostrado enojado al responder.
Volviendo a los resultados procurados, podemos pasar a lo verificable. Cualquier estudio hemerográfico y mediciones en medios audiovisuales y digitales que se realicen fácilmente podría arrojar que el tema correspondiente de cada Semanal alcanza una pobre difusión. Contrario ocurre a las respuestas del presidente a temas mediáticos, en los turnos libres de los periodistas, comunicadores, influencers y otros invitados, que en ocasiones han expresado falta de pluralidad y rotación equitativa.
Siempre es recomendable evitar demasiadas ruedas de prensa que puedan abrumar a la población y provocar desgaste de la atención. La transparencia no se mide solo por hablar con frecuencia. Un gobierno que habla mucho y escucha poco, termina hablando solo.
Dejo esta pregunta en el aire. ¿Vale la pena hablar todos los lunes o ser escuchado cuando realmente importa?
El autor es periodista con máster en comunicación corporativa.
X @fquirozmora
IG @fernandoquirozmora
