Dominicana desata su poder y noquea a Países Bajos en el Clásico Mundial de
Los buenos tratos no tienen edad y proporcionan paz
Yanira Fondeur
Promoviendo la Paz
A propósito de conmemorarse ayer el Día Mundial de la Toma de Conciencia y Maltrato en la Vejez, siempre es oportuno visibilizar y prevenir la violencia que pueden sufrir las personas mayores, muchas veces ejercida por familiares cercanos y silenciada por temor o vergüenza.
Se trata de una problemática significativa. Según el Consejo Nacional de Personas Envejecientes (CONAPE) en los últimos cinco años han recibido cerca de mil seiscientas denuncias de violencia, mayormente por parte de hijos, parejas o nietos.
91 % de los casos reportados corresponde a violencia psicológica, manifestada a través de palabras denigrantes, humillaciones, comparaciones hirientes, abandono o indiferencia. Esta forma de maltrato muchas veces pasa desapercibida, pero causa profundo daño emocional.
En tanto, un 32 % de los casos corresponde a violencia física con golpes, incluyendo golpes y empujones, mientras que alrededor de un 14% se relaciona con violencia sexual, siendo las mujeres mayores las más vulnerables.
Se estima, además, que existe un alto subregistro de casos no denunciados, ya sea por miedo, vergüenza o normalización del maltrato. Esto constituye una franca violación a la Ley 352-98 que protege los derechos de las personas adultas mayores en la República Dominicana.
Es justo reconocer la labor que realiza la Fundación Manos Arrugadas, dirigida por Gianni Paulino, la cual, además de promover campañas a favor de los envejecientes, ofrece actividades para mejorar su calidad de vida y fomentar un envejecimiento digno y activo.
Nuestros adultos mayores necesitan tiempo de calidad, ser escuchados, cuidados y protegidos en todo momento, validando las emociones que experimentan.
Para la prevenir el maltrato en la vejez, es indispensable diseñar y promover campañas educativas que motiven a cuidarlos con amor, a brindarles las atenciones médicas necesarias, alimentación adecuada, acceso a medicamentos y oportunidades para participar en actividades sociales y recreativas que fomenten su desarrollo integral.
Desde la primera infancia, debemos enseñar a niños y niñas el valor del respeto hacia las personas mayores y ya en la adultez, fomentar redes de apoyo en juntas de vecinos, clubes o iglesias.
Como los buenos tratos no tienen edad, cuidar y proteger a nuestros envejecientes es un deber humano, un acto de justicia y un compromiso diario que les genera, como merecen, dignidad, armonía y abundante paz.
La autora es la presidenta de la Fundación Vida Sin Violencia
@Yanira_Fondeur
