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Miedo, dependencia y amenazas: por qué muchas víctimas abandonan los procesos por violencia de género en República Dominicana
Fernando Quiroz I Director Aplatanao News
Es una situación que se vive en la cotidianidad de la República Dominicana. Muchas mujeres llegan a tribunales después de años de amenazas, golpes, humillaciones, persecución o control dentro de sus propias relaciones.
Algunas denuncian. Otras buscan ayuda cuando la violencia ya escaló. Pero no todas logran mantenerse en el proceso judicial. Algunas dejan de asistir a audiencias. Otras retiran querellas. Una denominadora común en muchos casos, la sentencia nunca llega. Y eso se observa en los medios de comunicación ya cuando estalla el problema.
Detrás de esas ausencias aparecen el miedo, la presión familiar, la dependencia emocional, la depresión, el desgaste psicológico y las secuelas de convivir durante años dentro del llamado ciclo de violencia.
Así lo refleja el estudio “Análisis de sentencias judiciales de la República Dominicana en delitos de violencia de género e intrafamiliar, tortura o barbarie y ciber violencia (2020-2024)”, elaborado por la Comisión para la Igualdad de Género del Poder Judicial, bajo la coordinación de magistradas y jueces especializados en la materia.
La investigación examina sentencias emitidas entre 2020 y 2024 sobre violencia de género e intrafamiliar, actos de tortura o barbarie y ciber violencia, con el propósito de evaluar cómo se aplican e interpretan las normas en los tribunales dominicanos y cuáles factores terminan influyendo en las decisiones judiciales.
El punto de partida del análisis es contundente. Entre 2020 y 2024 fueron reportados 341,896 casos de violencia en República Dominicana y el 77.5 % estuvo vinculado a violencia de género o intrafamiliar.
Los hallazgos advierten que la violencia contra las mujeres dejó hace tiempo de verse como un problema privado para convertirse en un fenómeno social persistente que atraviesa distintos niveles económicos, educativos y culturales.
La investigación recuerda que durante décadas las agresiones dentro de la pareja eran tratadas socialmente como “pleitos de marido y mujer” o “crímenes pasionales”, en un contexto donde prácticamente no existían políticas públicas de prevención, protección o sanción.

Cuando las víctimas abandonan el proceso
Uno de los aspectos más sensibles del estudio está relacionado con el comportamiento de las víctimas durante los procesos judiciales.
El análisis judicial describe que muchas mujeres, por razones de familiaridad o afinidad con el agresor, por depresión, miedo, dependencia emocional o influencia de familiares, terminan abandonando los procesos, desistiendo de sus pretensiones o dejando la acción penal exclusivamente en manos del Ministerio Público.
“Tienden a dejar los procesos a su suerte”, advierte el documento, al explicar cómo esas dinámicas dificultan la escucha y valoración de los testimonios directos ante los tribunales.
La investigación también plantea que muchas víctimas pueden encontrarse afectadas por estrés postraumático o atrapadas dentro del ciclo de violencia, lo que influye directamente en sus decisiones frente al sistema judicial.
Los hallazgos sostienen que se trata de víctimas especialmente vulnerables y diferentes a las de otros delitos, por lo que requieren protección especial para evitar revictimización durante el proceso.
Esa realidad aparece reflejada directamente en las sentencias analizadas.
De las 20 decisiones examinadas sobre violencia de género e intrafamiliar, solo cuatro víctimas se constituyeron formalmente como querellantes y actores civiles. En la mayoría de los casos participaron únicamente como víctimas-testigos o no mantuvieron un rol activo en el proceso penal o civil.
En los tres expedientes absolutorios incluidos en el estudio aparece un elemento que llamó la atención de quienes realizaron la investigación. En dos casos la víctima no compareció al juicio y en otro decidió abstenerse de declarar.

Violencia habitual, control y miedo
Las sentencias revisadas muestran que la violencia rara vez surge de manera repentina.
En 11 de los 20 casos examinados se evidenciaron antecedentes de violencia habitual o cotidiana antes de que los hechos llegaran a tribunales.
Los expedientes describen amenazas, persecución, intimidación, agresiones reiteradas y relaciones marcadas por el control de la pareja o expareja.
Entre los móviles más frecuentes aparecen la negativa del agresor a aceptar la separación, el enojo por no poder controlar a la víctima y los celos.
En muchos casos, varios de esos factores coexistían al mismo tiempo.
Otro de los hallazgos más duros aparece en el lugar donde ocurren las agresiones.
El análisis describe como “lastimoso” que muchos de los hechos sucedieran dentro de la casa de la víctima, precisamente el espacio que debería representar protección y tranquilidad.
“El hogar debe ser el lugar más seguro para todas las personas”, señala el documento, antes de advertir que, para muchas mujeres, es allí donde ocurre la violencia más grave.
Las decisiones judiciales también desmontan la idea de que existe un único perfil de víctima.
El estudio registra mujeres afectadas desde la adolescencia hasta adultas mayores, sin distinción clara de estrato social, nivel educativo o condición económica.
La violencia más frecuente fue la cometida por exparejas, seguida por parejas actuales.
Todos los imputados en los casos de violencia de género e intrafamiliar analizados fueron hombres.
Armas blancas, amenazas y agresiones reiteradas
Las armas blancas ocuparon el primer lugar entre los medios utilizados para cometer las agresiones.
También aparecen objetos contundentes, amenazas de muerte, palabras ofensivas y agresiones físicas cometidas incluso con las manos o los dientes.
En materia de sanciones, las decisiones estudiadas reflejan una tendencia mayoritaria a las condenas.
De las 20 sentencias examinadas sobre violencia de género e intrafamiliar, 17 fueron condenatorias y tres absolutorias.
Las penas impuestas oscilaron entre uno y 30 años de prisión.
El análisis también aborda casos de tortura o barbarie, donde aparecen algunas de las formas más extremas de violencia.
Las sentencias revisadas describen quemaduras, agresiones sexuales, ataques con sustancias corrosivas, amenazas, humillaciones y métodos dirigidos a causar sufrimientos físicos y psicológicos severos.
En esta parte de la investigación fueron analizadas 12 sentencias. Nueve terminaron en condenas y cinco de esas condenas fueron de 30 años de prisión.
Sin embargo, el propio estudio advierte dificultades legales en la aplicación del artículo 303 del Código Penal relacionado con tortura o barbarie.
Los hallazgos sostienen que la redacción de esa figura puede resultar ambigua o imprecisa, generando debates sobre la correcta calificación jurídica de algunos hechos y limitaciones para diferenciar determinadas conductas.

La violencia que también ocurre en redes
La investigación dedica además un apartado a la ciber violencia, considerada una de las formas más recientes y menos visibles de agresión.
Entre los casos revisados aparecen difusión de videos íntimos, ciberacoso y utilización de redes sociales para hostigar o exponer a víctimas.
Pese al crecimiento de estas agresiones, el análisis encontró pocos casos judicializados, situación que atribuye a limitaciones legales y baja persecución penal.
El estudio también observa un uso desigual de instrumentos internacionales en las sentencias examinadas.
Aunque República Dominicana cuenta con convenciones y compromisos internacionales sobre derechos de las mujeres y violencia de género, no todas las decisiones judiciales incorporan esos estándares de manera uniforme.
Entre avances legales y una violencia persistente
A lo largo del documento, el Poder Judicial reconoce avances importantes en legislación, capacitación y aplicación de perspectiva de género.
El informe destaca la creación de políticas institucionales, formación continua para jueces y personal judicial, elaboración de protocolos y estudios dirigidos a fortalecer la protección de las víctimas.
Pero los hallazgos también dejan al descubierto una realidad persistente.
Muchas mujeres continúan enfrentando violencia dentro de relaciones marcadas por el control, el miedo y la dependencia emocional, mientras el sistema judicial sigue lidiando con uno de sus mayores desafíos: lograr que las víctimas puedan denunciar, sostener el proceso y sentirse protegidas antes de que la violencia escale hacia consecuencias irreversibles.
Imágenes recreadas con recursos digitales.
