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Navidad: un llamado a la paz interior y familiar
Yanira Fondeur
Promoviendo la paz
Se acerca el encuentro familiar de la Nochebuena, víspera de la Navidad, tiempo en el que confluyen muchos sentimientos: para unos representa la alegría de compartir, disfrutar, brindar y regalar; para otros, la tristeza y la nostalgia por la partida de un ser querido, o la inquietud y la angustia de padecer algún quebranto de salud.
En cualquiera de los casos, invitamos a la reflexión de que la familia ha sido, es y será una red de apoyo vital en nuestras vidas, porque en ella debe fluir el amor incondicional que nos acepta y quiere como somos, no por lo que podamos representar en un momento determinado de nuestras vidas.
Y es en ese seno del hogar donde siempre debemos valorar el respeto hacia cada miembro, agradecer la dicha de tenerlos y aprovechar el espacio para escucharnos, abrazarnos y manifestarnos palabras de cariño y estímulo que estrechan vínculos y fortalecen sanas relaciones.
Ahora bien, no podemos brindar paz a nuestros seres queridos si carecemos internamente de ella. La mejor manera de trabajar en esto es reflexionar sobre nuestro propio valor como seres humanos, reconociendo las bendiciones que a diario tenemos, sin centrar nuestra mirada en lo que nos falta y sin compararnos jamás.
Amables lectores, si valoráramos cada día el privilegio de ver, caminar y escuchar, comprenderíamos que tener plenos nuestros sentidos es una gran bendición de vida, que nos invita a optimizarla dando siempre lo mejor de nuestro ser.
Que esta Nochebuena y Navidad seamos capaces de ver el brillo en los ojos de nuestros seres queridos; que, con cariño, contagiemos sonrisas; que hagamos memorables nuestros encuentros familiares, no por el tipo de cena, bebidas o regalos, sino por las muestras de afecto, valoración y respeto que sepamos brindar.
Que, si la fecha nos encuentra en el dolor por la partida de un ser querido, lo recordemos con agradecimiento por haberlo tenido, obremos conforme al legado que nos dejó y pensemos que disfruta de una vida mejor, sin dolor, y que desde el cielo continúa bendiciéndonos y protegiéndonos con amor.
Si tenemos algún ser querido enfermo, es tiempo de llamarle, de manifestarle cuánto lo queremos, elevar oraciones en su nombre y no perder jamás la fe.
Cuidemos en estas fechas de celebración a nuestros niños: evitemos las intoxicaciones innecesarias, regalemos juguetes educativos y deportivos no bélicos que normalicen la violencia, y supervisemos con cuidado el uso de fuegos artificiales para evitar quemaduras.
Que en esta Navidad Jesús renazca en nuestros corazones y seamos instrumentos de amor, fuente de esperanza y promotores de paz.
La autora es la presidenta de la Fundación Vida Sin Violencia
X: @Yanira_Fondeur
