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Paternidad virtuosa: un legado de amor y valores
Yanira Fondeur
Promoviendo la Paz
Recientemente leí una frase que me conmovió profundamente: “Vive de tal manera que, cuando tus hijos piensen en justicia, cariño, amor e integridad, piensen en ti.”
De inmediato, esa reflexión me conectó con mi papá, Francisco Fondeur, quien partió recientemente a la casa del Señor. La lectura del Evangelio durante la misa de novenario nos recordó que está hospedado en el cielo, porque fue un hombre virtuoso: equilibrado, justo, respetuoso, de buenos tratos, que no hacía mal a nadie, un padre presente y amoroso.
Aunque en el fondo de nuestros corazones sabemos que nadie es eterno, damos gracias a Dios por habernos permitido disfrutarlo durante 93 años, y por darnos la certeza de que él sabía lo amado y cuidado que estuvo por todos. También nos reconforta tener la responsabilidad y el compromiso de continuar su legado de valores morales, que sembró junto a nuestra querida madre desde la primera infancia.
A propósito de celebrarse el Día de los Padres el próximo domingo, desde este espacio de promoción de paz queremos destacar que el mejor antídoto contra la reproducción de patrones machistas es ejercer una paternidad amorosa, empática, respetuosa y corresponsable.
Educar para la paz es una tarea diaria que se ejerce modelando una paternidad responsable y virtuosa. Esto implica mucho más que ser un simple proveedor económico: significa guiar, educar en el manejo de las emociones, estimular, poner límites claros desde el respeto, y construir vínculos sanos y afectivos.
Los padres han de enseñar que la verdadera fortaleza masculina no reside en la dureza ni en el control, sino en modelar, con el ejemplo, un liderazgo basado en el respeto, la orientación, la escucha activa, la inteligencia emocional y el tiempo de calidad.
Los seres humanos poseemos la capacidad de resiliencia. No importa cuál haya sido nuestra historia de vida: con voluntad, perseverancia y compromiso, podemos convertirnos en agentes de cambio y promover una generación de padres cuyo legado se centre en los afectos y valores que puedan transmitirse de generación en generación.
Se dice que “en la vida no cuentan los pasos que hayas dado, sino las huellas que hayas dejado”. Y a eso aspiramos: a multiplicar padres que dejen en el corazón de sus hijas e hijos los abrazos que ofrecieron, las llamadas que hicieron, los sabios consejos, los cuidados y el ejemplo moral que compartieron.
Celebremos y valoremos la compañía de los padres virtuosos, y no perdamos la esperanza de formar hijos que también puedan serlo. Porque una paternidad virtuosa siembra paz.
