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Protección y amor para nuestras niñas
Yanira Fondeur
Promoviendo la Paz
Muchas niñas, en nuestro país y en el mundo, crecen expuestas a diversas formas de violencia, abuso y desigualdad que afectan su integridad y limitan sus oportunidades de desarrollarse plenamente.
Cada niña merece crecer sintiéndose amada, respetada, protegida, con la libertad de soñar y construir su futuro sin miedo.
A propósito de la conmemoración, ayer, del Día Internacional de la Niña reflexionamos sobre la protección y el respeto que deben merecen, una responsabilidad compartida entre las familias, los centros educativos, las comunidades y el Estado.
La violencia sexual, los embarazos en la adolescencia, las uniones tempranas y el acoso son realidades que marcan profundamente sus vidas y obstaculizan el cumplimiento de sus sueños.
Al conocer que, entre los feminicidios íntimos registrados en lo que va del año, figuran siete menores de edad asesinadas por adultos que abusaron de ellas, cabe preguntarnos: ¿estamos siendo indiferentes ante esta dolorosa problemática o estamos permitiendo que se normalice, mientras se trucan las vidas de niñas de 14, 15, 16 y 17 años?
Esta realidad nos recuerda la importancia de enseñar a nuestras niñas desde muy temprana edad a reconocer las partes íntimas de su cuerpo, a comprender que nadie tiene derecho a tocarlas de forma inapropiada y establecer límites. También debemos enseñar a contar lo ocurrido sin temor a ser culpabilizadas, a no guardar secretos bajo amenazas y a pedir ayuda.
Madres, padres, abuelos y tutores deben permanecer atentos a cualquier señal de abuso, ya sea por parte de familiares, vecinos o personas con quienes las niñas interactúan en entornos digitales. Es fundamental mantener abiertos los canales de comunicación, escuchar sin juzgar y tomar en serio lo que le expresen ofreciéndoles seguridad.
Mientras las instituciones públicas tienen la responsabilidad de garantizar la prevención, la atención especializada y el acceso efectivo a la justicia, las familias deben de cultivar el amor, la confianza, el respeto y la comunicación asertiva. Los centros educativos deben garantizar espacios seguros y las comunidades deben dejar de normalizar cualquier forma de abuso.
A nuestras niñas debemos garantizarles educación, tiempo para jugar y recrearse, oportunidades para desarrollar sus talentos y el apoyo necesario para hacer realidad sus aspiraciones.
Ninguna niña debería aprender a vivir con miedo de quienes tenemos el deber de protegerla. El cuidado se demuestra con acciones y el respeto se enseña desde el hogar, para garantizarles el derecho a crecer en entornos seguros y pacíficos.
Protección y amor para nuestras niñas hoy y siempre.
La autora es la presidenta de la Fundación Vida Sin Violencia.
@Yanira _Fondeur
