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Sacudir la conciencia nacional
Editorial
República Dominicana está en una encrucijada moral y social. Basta con asomarse a las redes para constatar un patrón preocupante: los mensajes vulgares, los videos que glorifican lo banal y lo obsceno, y el consumo masivo de contenidos que degradan la dignidad humana han desplazado la educación, la cultura y los valores.
Lo que debería ser un espacio de creatividad y formación se ha convertido en una ventana a la distorsión. Preocupa lo que vemos en las calles: una parte significativa de nuestra juventud parece caminar hacia un norte equivocado, con más riesgos que oportunidades.
El impacto es visible. Jóvenes que deberían ser motor de progreso son bombardeados con estímulos que normalizan lo dañino: embarazos en adolescentes que truncan proyectos de vida, consumo de sustancias ilícitas que destruye familias, hechos delictivos que siembran miedo y empleos precarios que perpetúan el círculo de la pobreza. Poco a poco, vamos cediendo terreno en nuestra escala de valores.
No podemos seguir mirando hacia otro lado. La permisividad, la indiferencia y el “todo da igual” están marcando a una generación. Y un país que pierde a su juventud, pierde su futuro. La sociedad necesita ser sacudida, no con miedo ni censura, sino con un llamado claro a enderezar el rumbo.
El reto es colectivo.
- Familias: volver a hacer del hogar la primera escuela en valores.
- Escuelas y universidades: formar ciudadanos con integridad, no solo con títulos.
- Iglesias: levantar la voz frente a lo que degrada y acompañar con ejemplo.
- Medios y redes: asumir la responsabilidad de lo que difunden.
- Empresas y autoridades: generar oportunidades laborales y políticas que dignifiquen a la juventud.
No basta con criticar; hay que construir alternativas: plataformas que promuevan contenido edificante, programas que fortalezcan la educación en valores, y empleos dignos que premien el esfuerzo.
Este país tiene historia de resiliencia y grandeza. Y es hora de recordarlo: los pueblos no se levantan con vulgaridad, sino con educación, cultura, trabajo digno y compromiso.
El tiempo de actuar es ahora. La República Dominicana no puede darse el lujo de perder a su juventud; si la perdemos, nos perdemos todos.
