Juventud y señales que no deben ignorarse
Yanira Fondeur
Promoviendo la paz
El suicidio juvenil no es un hecho aislado; es consecuencia de una deuda social con la salud mental. Recientemente, tres suicidios de jóvenes han consternado a la sociedad y obligan a reflexionar sobre qué señales se están ignorando y qué responsabilidad corresponde como familias y como país.
Una joven de 20 años murió el pasado lunes al lanzarse desde un cuarto piso de un parqueo en una plaza comercial del Distrito Nacional.
En menos de 24 horas, una adolescente de apenas 16 años se quitó la vida al colgarse de un árbol en el Malecón, en la avenida George Washington. Una situación similar ocurrió con una joven de 21 años que atentó contra su vida en Higüey.
A estos trágicos hechos se suma la preocupación expresada por el reconocido psiquiatra José Miguel Gómez, quien ha advertido que el 20 % de la población está padeciendo o padecerá trastornos mentales vinculados a entornos de tensión, desigualdad, presión económica, pobreza o dificultades para manejar estresores psicosociales.
Ante esta dolorosa realidad, resulta significativo el anuncio realizado por las autoridades de Salud desde el Palacio Nacional sobre la implementación de un plan de salud mental que contempla el aumento de unidades de atención, más camas disponibles y la puesta en funcionamiento de una línea gratuita (811).
Cada caso representa una historia de vida, posiblemente cargada de profundas tristezas, que nadie está llamado a juzgar. Estos hechos ponen en evidencia la necesidad de prestar mayor atención a las señales asociadas a cuadros de depresión o ansiedad.
Por ejemplo, se observan personas que eran comunicativas y dejan de serlo sin explicación; otras que utilizan frases como “estoy cansado de todo” o “uno no sirve para nada”, o que pierden interés en los estudios, el trabajo o actividades que antes realizaban. También pueden presentarse cambios como irritabilidad constante, aumento en el consumo de alcohol o medicamentos, endeudamiento excesivo, abandono del aseo personal o descuido físico marcado.
En algunos casos, la persona habla de la muerte con aparente alivio, regala pertenencias significativas o deja cartas explicando su situación.
Lo relevante es identificar si se ha producido un cambio sostenido en el tiempo y si este está afectando su vida diaria.
Ignorar las señales o minimizar el dolor puede tener consecuencias graves. La salud mental constituye un compromiso colectivo que interpela a toda la sociedad. El silencio, frente al sufrimiento emocional, no es neutral.
La autora es presidenta de la Fundación Vida Sin Violencia
@Yanira_Fondeur
