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Terremotos en la isla La Hispaniola: comprender para reducir el riesgo
La interacción entre las placas del Caribe y Norteamérica, una compleja red de fallas activas y los antecedentes sísmicos de La Española obligan a mirar los terremotos desde la prevención, la preparación y la comunicación responsable.
En La Española se identifican catorce fallas activas, aunque dos concentran especial atención por su relevancia tectónica: la falla Septentrional, al norte de la isla, y la falla Enriquillo-Plantain Garden, al sur.
Por Fernando Quiroz
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Un terremoto puede durar apenas unos segundos, pero sus consecuencias dependen de condiciones acumuladas durante años. La resistencia de las construcciones, la ubicación de las comunidades, el conocimiento de la población y la capacidad de respuesta de las instituciones influyen en el impacto que puede alcanzar un movimiento de tierra.
Comprender el fenómeno exige comenzar bajo la superficie. La corteza terrestre está dividida en placas que se desplazan continuamente y que pueden chocar, separarse o deslizarse una junto a otra. Cuando la fricción impide temporalmente esos movimientos, la energía se acumula hasta que se libera de manera abrupta y se propaga mediante ondas sísmicas. Esa liberación es lo que produce un sismo o terremoto.
Las devastaciones registradas en Venezuela por dos terremotos consecutivos de más de 7 grados de magnitud reactiva los temores en diferentes países y, lo más importante, replantea las necesidades preventivas.
El Caribe forma parte de una de las regiones tectónicamente más activas del planeta. En ese escenario se encuentra la isla de La Española, que comparten la República Dominicana y Haití, cuya evolución geológica ha estado marcada durante millones de años por la interacción de grandes placas y sistemas de fallas que continúan en movimiento. Esa condición explica por qué República Dominicana registra una actividad sísmica constante y por qué el estudio de estos fenómenos resulta esencial para comprender el territorio.
Actualmente, la sismicidad de la isla responde principalmente a la interacción oblicua entre la placa del Caribe y la placa Norteamericana. A ese proceso se suma la influencia de la placa de Cocos, cuya subducción frente a la costa pacífica de Centroamérica impulsa el desplazamiento de la placa del Caribe hacia el este, a una velocidad aproximada de 20 milímetros por año con respecto a la Norteamericana. Ese movimiento, imperceptible para las personas, acumula esfuerzos durante décadas o siglos hasta que la energía se libera en forma de terremoto.
La explicación científica que sustenta este reportaje parte del documento Fenómenos extremos y su abordaje desde la Gestión Integral de Riesgos de Desastres (GIRD), elaborado por la doctora en ciencias ambientales Pamela Michel como material de apoyo para el ciclo de talleres sobre innovación digital y uso de herramientas de inteligencia artificial desarrollado por el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). El estudio reúne conceptos de geología, sismología y gestión del riesgo para explicar cómo un fenómeno natural puede transformarse en desastre cuando coincide con condiciones de vulnerabilidad.

Pamela Michel, doctora en ciencias ambientales.
La configuración física de La Española es el resultado de un prolongado proceso geológico. La interacción entre las placas tectónicas no solo dio origen al relieve que hoy caracteriza al país, sino también a una compleja red de fracturas que continúa activa. Cordilleras, sierras, valles y cuencas sedimentarias son parte de esa historia escrita bajo la superficie y condicionan la manera en que las ondas sísmicas pueden propagarse durante un terremoto.
El documento explica que la presión ejercida entre las placas no se concentra en una sola fractura. Los esfuerzos se distribuyen a través de distintos sistemas de fallas que fragmentan la corteza terrestre y permiten el desplazamiento de bloques geológicos. Entre ellos se encuentra la microplaca de Gonâve, cuya dinámica influye en buena parte de la actividad sísmica registrada en la región.
En La Española se identifican catorce fallas activas, aunque dos concentran especial atención por su relevancia tectónica: la falla Septentrional, al norte de la isla, y la falla Enriquillo-Plantain Garden, al sur.
Ambas participan en el desplazamiento lateral entre las placas del Caribe y Norteamérica y han estado asociadas a algunos de los terremotos más importantes registrados en la historia de la isla. Otras fallas secundarias distribuyen parte de esos esfuerzos y completan un sistema geológico cuya actividad continúa siendo objeto de permanente vigilancia científica.
Conocer la ubicación y el comportamiento de estas fallas no implica anunciar la ocurrencia de un terremoto. Tampoco significa que un evento de gran magnitud sea inminente. Su importancia radica en comprender las características del territorio para fortalecer la planificación urbana, orientar las políticas de prevención y reducir las vulnerabilidades existentes.
La magnitud no siempre explica el desastre
Uno de los conceptos centrales de la Gestión Integral del Riesgo de Desastres consiste en distinguir entre el fenómeno natural y sus consecuencias. Un terremoto libera energía; un desastre ocurre cuando esa energía encuentra comunidades expuestas, edificaciones vulnerables y capacidades insuficientes para responder.
Por esa razón, dos sismos de magnitud similar pueden producir efectos completamente distintos. La profundidad del foco sísmico, la distancia al epicentro, el tipo de suelo, la calidad de las construcciones, la densidad poblacional y el nivel de preparación de las instituciones influyen de manera decisiva en el impacto final.
Desde esta perspectiva, el riesgo no depende exclusivamente de la fuerza del movimiento telúrico. También intervienen las decisiones humanas relacionadas con la ocupación del territorio, el cumplimiento de las normas de construcción, la educación preventiva y la capacidad para actuar antes, durante y después de una emergencia.
Ese cambio de enfoque constituye uno de los principales aportes del documento elaborado por la doctora Pamela Michel: comprender que las amenazas pueden originarse en fenómenos propios de la dinámica de la naturaleza, pero el desastre solo ocurre cuando esas amenazas coinciden con condiciones de vulnerabilidad.
