Recomiendan construcción de nuevo estadio de béisbol con estándar de Grandes Ligas
Violencia machista: Una crisis que no estamos deteniendo
Yanira Fondeur
Promoviendo la Paz
La violencia machista en la República Dominicana se ha recrudecido en forma alarmante. Las autoridades deben revisar con urgencia la efectividad real de las políticas de prevención y protección, mientras toda la sociedad debe comprometerse en promover relaciones respetuosas, justas y empáticas.
Si existe una zona del país donde la violencia de género se manifiesta con mayor crudeza es la provincia de Santo Domingo. Las estadísticas revelan que allí se registran el mayor número de feminicidios del país y las autoridades lo saben. Entonces surge una pregunta inevitable ¿qué esperan que cambien si las políticas públicas no se revisan ni se ejecutan con más rigor y efectividad?
¿Sabías usted que en lo que va del presente año en la provincia de Santo Domingo ya registra 12 feminicidios cometidos por parejas o exparejas, mientras que en todo el 2025 fueron 13? Y vuelvo a preguntarme ¿hacia dónde vamos a parar como sociedad? No hablo de simples números, sino de mujeres jóvenes, con sueños, historias y familias, que jamás imaginaron que quien dijo amarlas una vez, decidió arrancarles su existencia de forma irracional y posesiva.
En el indignante caso de Esmeralda Moronta, la percepción social es que el sistema falló al no identificar el peligro inminente de un agresor armado frente a una víctima amenazada, acosada y vigilada con GPS. Resulta aún más doloroso que se intentara justificar la falta de protección alegando que ella rechazó ir a una casa de acogida, cuando incluso trascendió un documento con el grave error de colocar el nombre del verdugo en el espacio correspondiente a la víctima.
Sigo cuestionándome si la provincia de Santo Domingo cuenta con fiscales, jueces, policías y médicos especializado en violencia de género. ¿Existe acompañamiento permanente psicólogas expertas en intervención de crisis? Si no es así, urge sensibilizar y capacitar a quienes tienen la responsabilidad de proteger vidas en medio de una problemática de derechos humanos que este año ha dejado 33 niños y niñas en la orfandad.
Definitivamente, este ha sido mayo sangriento. Ya suman ya siete víctimas de feminicidio, y apenas intentábamos asimilar el horror del caso de la joven Moronta, cuando conocimos la tragedia de última Indhira Carolina Belte, de 33 años, una madre de dos niñas y otra víctima más de esta violencia que continúa destruyendo familias.
La educación sigue siendo la herramienta más poderosa para lograr la transformación cultural que necesitamos. Debe comenzar en el hogar, enseñando a los varones que la violencia no es sinónimo de fortaleza, sino evidencia incapacidad de manejar emociones, que los conflictos pueden resolverse de manera pacífica, que el respeto debe prevalecer en toda relación humana y que es urgente promover la masculinidad empática, sensible y corresponsable.
Prevenir la violencia machista además de ser una tarea de las autoridades, debe constituirse en un compromiso nacional. Vivir en paz no solo salva vida, fortalece la convivencia y nos permite construir una sociedad más humana y segura, que genere confianza y esperanza colectiva.
La autora es la presidenta de la Fundación Vida Sin Violencia
@Yanira_Fondeur
