Dominicana clasifica a cuartos con exhibición de poder ante Israel
Violencia perversa, vicaria y posesiva
Falta congruencia presidencial. Todavía no se cuenta con los fondos suficientes para la ejecución de las políticas que garanticen la protección de las víctimas en el Ministerio Público y el Poder Judicial.
Soraya Lara Caba
En nuestro país, República Dominicana, no salimos del asombro ante la espeluznante ola de violencia, que evidencia el deterioro moral, familiar, social, espiritual y de salud mental.
La intención de dañar, asesinar, descuartizar, violar con saña y crueldad, refleja que las autoridades, en su totalidad, no han comprendido las implicaciones de la violencia ejercida contra la mujer, la niñez y la adolescencia durante décadas, si partimos desde la promulgación de la Ley 24-97, como referente de acción, atención, sanción y prevención que conllevarían a la creación de una estructura político-social con miras a la erradicación o por lo menos a una reducción significativa de este mal.
No se trata de apoyar a un ministerio, sino de que todos los ministerios, sino de todos estos y las instituciones afines al gobierno se adhieran a las políticas públicas establecidas en el Plan Nacional de Igualdad y Equidad de Género (PLANEG III).
Los presidentes de la República que hemos tenido en el país hasta la fecha no se han comprometido con impactar en la transformación de la cultura de la violencia en una cultura de la convivencia, el respeto y el buen trato que garantice a las mujeres y a la niñez la protección. No se trata tan solo de abanderarse con un discurso de toma de posesión, sino de asumirlo y transmitirlo con convicción y compromiso a todos sus ministros y demás actores de las dependencias del Estado mientras dure su mandato. Me refiero a la autenticidad del compromiso moral y ético.
Falta congruencia presidencial. Todavía no se cuenta con los fondos suficientes para la ejecución de las políticas que garanticen la protección de las víctimas en el Ministerio Público y el Poder Judicial.
Ahora bien, se han logrado propósitos como la inserción de las mujeres en las aulas universitarias. En algunas instituciones privadas, un porcentaje importante de la empleomanía es femenino. Muchas han incursionado en el emprendimiento con el apoyo de entidades financieras, sin embargo, son víctimas de todo tipo de violencia, lo que pone de manifiesto que el hombre con comportamientos posesivos, dependientes emocionalmente, con celotipia y un sistema de creencias distorsionadas que validan sus comportamientos no ha asimilado los cambios y avances de ellas.
No todos los hombres dominicanos han comprendido y apoyado los avances de la mujer con derecho a ser persona, a la autonomía, a tomar decisiones que le favorezcan como estudiar, trabajar y compartir con sus familiares y amistades, así como a elegir la forma de habitar en el mundo.
Hay que tomar en consideración la ecología de la violencia: el individuo (mujer-hombre), la familia, la cultura, el sistema judicial, las academias, los medios de comunicación y las iglesias. ¿Por qué cuesta tanto asumirlo como un compromiso moral y ético?
En estos tiempos es necesario impactar en el sistema de creencias que condiciona al hombre a los comportamientos violentos y a las mujeres al victimismo.
La autora es presidenta del Patronato de Ayuda a Casos de Mujeres Maltratadas (PACAM).
X: @sorayalaracaba
