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Alerta con nuestras adolescentes
Yanira Fondeur
Promoviendo la Paz
Una adolescente de 15 años recibe atención médica, mientras su madre responsabiliza a su novio, de 20 años, de haber intentado envenenarla y de violar la orden de alejamiento que pesaba en su contra por una agresión previa.
A este indignante y abusivo hecho, se suma otra realidad alarmante: cuatro menores de han sido asesinadas en lo que va del año por agresores adultos que sabían que estaban cometiendo un delito, pues la legislación dominicana protege de manera especial a niños, niñas y adolescentes.
Cada intento de asesinato o cada vida arrebatada a una niña, no sólo destruye a una familia; representa también una pérdida irreparable sensible para toda la sociedad.
Las adolescentes de 15, 16 y dos de 17 años tenían en común que: pese a su corta edad, fueron captadas, manipuladas y abusadas por adultos que le llevaban, 5, 9, 10 y 12 años.
En nuestro país, la ley 136-03 protege el derecho a la intimidad, dignidad y la identidad de los niños, niñas y adolescentes víctimas de delitos.
Estas tragedias nos obligan a reflexionar ¿qué estamos enseñando en nuestros hogares?, ¿qué tan atentos estamos a la vida, las relaciones y las preocupaciones de nuestros hijos e hijas?, ¿qué valores estamos fortaleciendo desde los centros educativos?, ¿qué sociedad estamos construyendo?
La adolescente que presuntamente fue envenenada llevaba un año de relación con su agresor. Apenas tenía 14 años cuando quedó atrapada en un vínculo abusivo que comenzó a arrebatarle derechos fundamentales: opinar libremente, relacionarse con otras personas, ser respetada, sentirse comprendida y a construir un proyecto de vida con esperanza y oportunidades.
Si realmente queremos evitar que otra joven sea asesinada por un adulto abusador, debemos asumir el compromiso colectivo para educar a niños y niñas en igualdad, respeto, empatía y autoestima.
En el seno familiar, padres, madres o tutores, debemos mantener una escucha activa para conocer sus inquietudes, saber con quienes se relacionan y hacerles sentir que pueden acudir a nosotros cuando un adulto les proponga o les insinué situaciones que les hagan sentir incómoda o inseguras.
También debemos enseñarles desde la adolescencia, que el control, la manipulación, la agresividad, los celos excesivos y las amenazas no son expresiones de amor. Aprender a reconocer estas señales para prevenir injusticias, arbitrariedades y salvar vidas.
La adolescencia es una etapa de profundos cambios biológicos, cognitivos y socioemocionales, en la que las y los jóvenes construyen su identidad y aprenden a tomar decisiones responsables. Jamás debemos minimizar sus miedos, sus confusiones o sus tristezas.
Hoy más que nunca familias, escuelas y autoridades estamos llamados a actuar con firmeza y compromiso para prevenir que la violencia cobre otra vida. Proteger a nuestras adolescentes no es limitar su libertad, sino garantizarles el derecho a desarrollarse y construir un proyecto de vida en paz.
La autora es la presidenta de la Fundación Vida Sin Violencia.
@Yanira_Fondeur
