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“Cuando la autoridad asfixia: El llamado a humanizar la escuela”
Por Alison Mentor/ Psicóloga Educativa
En muchas escuelas, la autoridad dejó de ser un puente para convertirse en un muro. Cuando el liderazgo se ejerce desde el miedo, el control y la imposición, la escuela pierde su esencia: educar desde la confianza, la colaboración y el respeto. Un clima laboral autoritario no solo silencia al docente, también deteriora la convivencia, debilita la motivación y asfixia la posibilidad de construir comunidades educativas sanas. En un contexto donde la violencia, la presión y la falta de apoyo ya afectan al profesorado, este estilo de gestión no resuelve los problemas: los profundiza.
El clima laboral autoritario se caracteriza por control excesivo, comunicación vertical, decisiones unilaterales y uso del miedo como herramienta de gestión. La vigilancia constante, las sanciones públicas y la desconfianza hacia el criterio profesional generan tensión, autocensura y desmotivación. En República Dominicana, donde los docentes ya enfrentan violencia, acoso e indisciplina, este tipo de liderazgo agrava el deterioro del clima escolar.
Impacto en docentes, estudiantes y familias
- Docentes: la primera línea de impacto, el liderazgo autoritario provoca:
Estrés crónico y desgaste emocional.
Pérdida de autonomía pedagógica, reduciendo al docente a un ejecutor mecánico.
Silenciamiento, miedo a opinar y autocensura.
Deterioro de la convivencia interna y aumento de la desconfianza.
El primer Congreso sobre convivencia y pedagogía de la ADP reveló que:
78% de los docentes reporta altos niveles de estrés laboral.
64% afirma sentirse emocionalmente agotado al final de la jornada.
52% experimenta síntomas de ansiedad relacionados con la gestión escolar.
41% considera que su centro educativo tiene un clima “tenso o conflictivo”.
1 de cada 3 ha pensado en renunciar o solicitar traslado por razones emocionales.
Estos datos confirman que el clima institucional es un factor crítico en la salud mental del profesorado.
¿Cómo afecta el clima emocional a nuestros estudiantes?
Los estudiantes son especialmente sensibles al ambiente escolar. En contextos autoritarios:
Aumenta la ansiedad y disminuye la motivación.
Se inhibe la participación, el pensamiento crítico y la creatividad.
Se normaliza la obediencia ciega.
Surgen más conductas disruptivas cuando la autoridad se percibe como injusta.
Se debilita la relación pedagógica, base del aprendizaje significativo.
Un liderazgo rígido no restaura el orden: lo vuelve más frágil y reactivo.
¿Cómo el autoritarismo afecta a las Familia y rompen vínculos?
Las familias también sienten el impacto:
Comunicación tensa y poco transparente.
Desconfianza hacia la institución.
Menor participación en la vida escolar.
Conflictos recurrentes por decisiones impuestas sin diálogo.
¿Qué impacto tiene en la salud mental docente un ambiente laboral tóxico?
La presión constante, el miedo a cometer errores y la vigilancia excesiva generan:
insomnio
irritabilidad
fatiga mental
hipervigilancia
sensación de “no dar abasto”
preocupación permanente por la evaluación externa
Con el tiempo, esto deriva en burnout, un síndrome cada vez más frecuente en el magisterio dominicano.
¿Cómo impacta la degeneración de la autoridad en el desarrollo profesional de los docentes?
El autoritarismo limita la innovación, la creatividad y la capacidad de proponer proyectos. La docencia es una profesión vocacional; cuando el clima institucional contradice los valores educativos, surge una ruptura interna que afecta el compromiso y el sentido de propósito. Además, un docente gestionado desde el miedo tiene menos herramientas para ejercer un liderazgo sano en el aula. Si este clima se mantiene, los efectos se profundizan:
aumento del ausentismo
renuncias o traslados
pérdida de talento docente
normalización del maltrato institucional
Todos debemos luchar por una escuela más humana
La autoridad educativa se fortalece con apoyo institucional, diálogo, participación y procesos claros, no con imposición. Un clima democrático, colaborativo y emocionalmente seguro es esencial para que estudiantes, docentes y familias construyan una comunidad educativa justa y orientada al aprendizaje significativo. La salud mental del docente no es un lujo: es un requisito para enseñar, convivir y transformar.
La pregunta es inevitable: ¿Seguiremos normalizando estas prácticas o asumiremos la responsabilidad de construir escuelas donde la dignidad, la participación y el bienestar docente sean innegociables??
Alison Mentor es Psicóloga clínica y especialista en Terapia del Lenguaje
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