Procuradora Yeni Berenice: Santiago merece una justicia centrada en las personas
Detectar el riesgo, proteger la vida
Entre las señales que requieren atención inmediata se encuentran las amenazas de muerte, el acoso obsesivo, la persecución tras una separación, los celos extremos, el acceso a armas de fuego y los intentos de control absoluto sobre la pareja.
Por Yanira Fondeur
La sociedad dominicana atraviesa una crisis de violencia feminicida que ha adquirido dimensiones de tragedia nacional. No solo afecta a las mujeres asesinadas, sino también a quienes viven bajo amenaza, a las familias que sufren su ausencia y a los huérfanos que quedan marcados. Frente a esta realidad, la prevención y la protección de la vida deben convertirse en una prioridad colectiva.
Si partimos del hecho de que solo una pequeña proporción de las víctimas de violencia recurre al Ministerio Público para presentar denuncias, resulta evidente que la capacidad de intervención temprana del sistema dificulta la protección de muchas mujeres en situación de riesgo.
¿Qué se requiere entonces para fortalecer la prevención? Es indispensable trabajar en la detección temprana del peligro dentro de la comunidad y convertirla en una verdadera red de alerta.
Sensibilizar a vecinos, familiares, amistades, iglesias, centros educativos y lugares de trabajo resulta fundamental, ya que con frecuencia conocen el sufrimiento de las víctimas mucho antes que las autoridades, siempre que el agresor no haya logrado aislarlas de su entorno.
Para ello, deben diseñarse campañas permanentes y eficaces que permitan identificar las señales de alto riesgo que orienten a la población sobre cómo activar los mecanismos de ayuda disponibles antes de que ocurra una tragedia.
Entre las señales que requieren atención inmediata se encuentran las amenazas de muerte, el acoso obsesivo, la persecución tras una separación, los celos extremos, el acceso a armas de fuego y los intentos de control absoluto sobre la pareja.
Estas conductas no pueden ser ignoradas, minimizadas ni normalizadas en ninguna circunstancia, pues constituyen indicadores que pueden preceder a hechos de violencia letal.
La detección temprana del riesgo, sin embargo, debe complementarse con protección efectiva, acceso oportuno a la justicia, atención especializada para las víctimas y programas dirigidos a promover masculinidades respetuosas, empáticas y corresponsables. La prevención requiere una respuesta integral capaz de actuar antes de que la violencia alcance consecuencias irreparables.
Las 45 víctimas de feminicidios íntimos registradas por la Fundación Vida Sin violencia este 2026 y los cerca de 40 niños y niñas que han quedado en condición de orfandad, nos obligan a ir más allá del dolor y la indignación. Deben impulsarnos a convertirnos en agentes de cambio comprometidos con la reducción de esta violencia.
No son cifras; son vidas silenciadas. Son historias truncadas, familias marcadas para siempre y comunidades heridas por pérdidas que, en muchos casos, pudieron evitarse. Cada feminicidio representa una llamada de atención sobre la necesidad de fortalecer la prevención y la protección de las mujeres.
Transformar la cultura machista y promover una masculinidad respetuosa, sensible, empática y corresponsable es una tarea que compete al Estado, a las familias, a las instituciones educativas, a los medios de comunicación y a cada ciudadano comprometido con el bien común y la construcción de una cultura de paz.
Detectar el riesgo a tiempo no solo permite prevenir la violencia; también representa una oportunidad para proteger vidas, preservar familias y evitar que más infantes queden marcados por la pérdida de sus madres. La prevención efectiva comienza cuando aprendemos a reconocer las señales de peligro y asumimos que la protección de la vida es una responsabilidad compartida.
La autora es la presidenta de la Fundación Vida Sin Violencia
@Yanira_Fondeur
