Yeni Berenice: «Que el Código Penal no entre en vigencia solo favorece
EDITORIAL Periodismo, riesgo e inteligencia artificial
Las lluvias e inundaciones registradas en las últimas semanas han vuelto a demostrar que, en situaciones de emergencia, la información es mucho más que un servicio noticioso. De su calidad, precisión y oportunidad pueden depender decisiones que afectan directamente a las personas y las comunidades.
Durante años, gran parte de la cobertura de desastres se ha concentrado en las consecuencias visibles de los eventos. Las imágenes de calles anegadas, viviendas afectadas y familias desplazadas forman parte habitual de la agenda informativa. Sin embargo, los desafíos actuales exigen una mirada más amplia. El periodismo no puede limitarse a describir lo ocurrido; también debe ayudar a comprender por qué ocurre, quiénes están expuestos y cuáles factores aumentan o reducen los riesgos.
Esa visión estuvo presente en el ciclo de talleres sobre innovación digital y uso de herramientas de inteligencia artificial para la cobertura de cambio climático, emergencias y desastres, impulsado por el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) y la UNESCO. La experiencia puso de relieve una realidad que resulta cada vez más evidente: comunicar el riesgo es tan importante como informar sobre el desastre.
La gestión integral del riesgo de desastres aporta precisamente esa perspectiva. Permite entender que el riesgo no surge únicamente de una amenaza natural. Es el resultado de la interacción entre la amenaza, la exposición, la vulnerabilidad y las capacidades de respuesta de una comunidad. Cuando estos elementos se explican con claridad, la información deja de ser un simple relato de daños para convertirse en una herramienta de orientación.
En ese proceso, la tecnología ofrece oportunidades que hace apenas unos años parecían impensables. La inteligencia artificial facilita tareas de monitoreo, organización de datos, verificación de contenidos y análisis de información. Utilizada con responsabilidad, puede fortalecer el trabajo periodístico y ampliar su capacidad para procesar grandes volúmenes de información en tiempo real.
Pero la tecnología no reemplaza el criterio. Ninguna plataforma puede asumir la responsabilidad ética de verificar una información, contextualizarla adecuadamente o valorar sus posibles consecuencias. La decisión final sigue descansando en el periodista.
La expansión de la desinformación durante eventos extremos confirma esa necesidad. Imágenes fuera de contexto, videos manipulados o informaciones sin verificar pueden circular con rapidez y generar confusión en momentos donde la claridad resulta indispensable. En esos escenarios, el valor del periodismo no radica en publicar primero, sino en publicar correctamente.
La comunicación del riesgo también obliga a repensar los tiempos de la cobertura. Informar antes, durante y después de una emergencia debe formar parte de una misma estrategia. Antes, para educar y prevenir. Durante, para orientar y verificar. Después, para explicar, evaluar y contribuir a la rendición de cuentas.
La combinación entre periodismo, gestión del riesgo e inteligencia artificial no representa una moda ni una tendencia pasajera. Responde a una necesidad cada vez más evidente en sociedades expuestas a fenómenos extremos y a entornos informativos cada vez más complejos.
El desafío consiste en aprovechar las ventajas de la tecnología sin renunciar a los principios esenciales del oficio. Porque en una emergencia la rapidez es importante, pero la precisión sigue siendo indispensable. Y cuando la información ayuda a comprender el riesgo y a tomar mejores decisiones, el periodismo cumple una de sus funciones más valiosas para la sociedad.
