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Educar en empatía, tarea pendiente del Estado
Yanira Fondeur
Promoviendo la paz
¿Sabías que desde el año 1993 en Dinamarca, el segundo país más feliz del mundo, los niños de 6 a 16 años reciben obligatoriamente una hora semanal de clase de empatía?
La iniciativa ha cosechado excelentes frutos. Hoy fluye con impacto una convivencia escolar con más armonía y bienestar común, en la que predomina la cooperación y donde los estudiantes conceden gran importancia a mantener una escucha activa.
En una sociedad como la muestra, donde desaparecen niños y no son encontrados, en la se conocen intentos de raptos de infantes a la llegada o salida de los centros escolares; donde existe preocupación por el tráfico de órganos; donde menores aún figuran en las estadísticas de los feminicidios; y donde, a dos años y medios de su aprobación, todavía no se aplica la ley 34-23 de Atención Integral a Personas con autismo, entendemos que necesitamos fomentar empatía para combatir la insensibilidad.
Esta disposición educativa debería implementarse en el país como parte de currículo escolar, que contribuye a ponerse en los zapatos del otro.
Además, debería diseñarse una campaña que nos invite a interesarnos, conectar y sensibilizarnos con las emociones ajenas, con miras a promover la conexión, la comprensión, la compasión y la inclusión en la población adulta.
Ante tanta conflictividad, urge concienciar sobre la importancia de comprender las perspectivas ajenas, de asistir frente al sufrimiento de los demás, de crear vínculos afectivos, porque los que otros viven también podría afectarnos a nosotros, de valorar a todas las personas e incentivar el apoyo mutuo.
Convivir pacíficamente requiere de una conciencia nacional, pero sobre todo del compromiso individual y en ello la capacidad de la empatía juega un papel esencial.
No podemos hablar del desarrollo de una nación donde reina el miedo, la ansiedad y la desesperación de familias cuyos infantes desaparecen como por arte de magia sin dejar rastros. La empatía social se impone para colaborar en su localización, apoyar a las familias afectadas y a resolver los conflictos sin violencia.
La desconfianza y el temor debemos combatirlos.
Amables lectores ¿Podríamos considerar que nuestro país avanza si normalizamos la indiferencia frente al dolor de los demás?
Educar en empatía es una urgencia nacional si partimos de que también cambia vidas y brinda paz a las familias.
La autora es la presidenta de la Fundación Vida Sin Violencia
@Yanira_Fondeur
