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Ejercicios para esclerosis múltiple: ¿cuáles ayudan a vivir mejor según la ciencia?
Moverse, caminar sin esfuerzo o sostener un objeto con firmeza son acciones que suelen darse por sentado… hasta que aparecen los primeros signos de la esclerosis múltiple (EM). Esta enfermedad crónica interrumpe la comunicación entre el cerebro y el cuerpo debido al desgaste de la mielina -la capa protectora que cubre los nervios-, lo que dificulta actividades que antes eran automáticas.
En República Dominicana, la EM afecta a unas 3 personas por cada 100 mil habitantes, según estimaciones de la Federación Internacional de Esclerosis Múltiple (MSIF). A nivel global, más de 2.9 millones de personas viven con esta condición. En este contexto, los ejercicios diseñados para esclerosis múltiple se han convertido en una herramienta esencial para mantener la movilidad, reducir síntomas y mejorar la calidad de vida.
“La actividad física es beneficiosa para mantener la movilidad y también puede ayudar con síntomas no motores como la depresión”, explica Sarah Bell, fisioterapeuta de Mass General Brigham, especialista en trastornos neurológicos como la EM.
Cómo ayuda el ejercicio a quienes viven con EM
La fatiga es uno de los síntomas más frecuentes: afecta a cuatro de cada cinco personas con EM, según la Sociedad Nacional de Esclerosis Múltiple. Otros síntomas incluyen visión borrosa, mareos, debilidad, espasticidad (rigidez muscular), hormigueo, pérdida de equilibrio, sensibilidad al calor y depresión.
Cuando la mielina se deteriora, se interrumpe la señal eléctrica del cerebro hacia los músculos. Aunque el ejercicio no repara la mielina dañada, sí puede ayudar a proteger las áreas cerebrales que permanecen intactas, favoreciendo la movilidad y la independencia.
Diversos estudios muestran que el ejercicio mejora: la capacidad para caminar, el equilibrio, la fatiga y la calidad de vida.
Un programa bien diseñado puede disminuir la fatiga crónica y aumentar la resistencia para las actividades del día a día.
¿Qué tipo de ejercicios son mejores?
Sarah Bell clasifica los ejercicios más recomendados en cuatro grupos, cada uno con beneficios específicos:
- Aeróbicos
Ayudan a reducir la fatiga y mejorar la salud cardiovascular, especialmente importante en personas con EM, que tienen mayor riesgo de enfermedades del corazón.
Recomendación: 150 minutos semanales de actividad moderada.
Opciones: caminar, bicicleta estática, nadar.
Tip: entrenamientos por intervalos para quienes sienten fatiga intensa.
- Estiramientos
Ideales para reducir la rigidez muscular (espasticidad). Estirar pantorrillas, isquiotibiales y flexores de la cadera ayuda a aliviar el dolor y mejorar el movimiento.
Recomendación:
- 3 a 4 estiramientos de 20–30 segundos
- Varias veces al día
- De preferencia guiados por un fisioterapeuta
- Entrenamiento de fuerza

Fortalecer los músculos es crucial ante la debilidad provocada por la EM. La resistencia -con pesas ligeras o bandas elásticas- mejora la función muscular y ayuda a regular la espasticidad.
Recomendación:
- 2 a 3 veces por semana
- Con días de descanso entre sesiones
- Ejercicios de equilibrio y agilidad
Previenen caídas y mejoran la coordinación. Un fisioterapeuta puede guiar ejercicios adaptados al nivel funcional.
En casa se puede practicar:
- pararse en un pie por 30 segundos
- aumentar dificultad cerrando los ojos o cambiando la superficie
- pasos laterales
- giros suaves
Consejos prácticos para empezar con seguridad
- Iniciar con sesiones breves (10 minutos, tres veces por semana).
- Aumentar progresivamente el tiempo y la intensidad.
- Usar bastones, tobilleras o soportes cuando sea necesario.
- Elegir los momentos del día con más energía.
- Aplicar técnicas de enfriamiento (agua fría, chalecos refrescantes).
- Evitar el calor excesivo: elevar la temperatura corporal puede empeorar los síntomas.
¿Por qué los ejercicios para EM son tan importantes?
Aunque en República Dominicana la prevalencia es relativamente baja, la EM suele aparecer en edad productiva y puede causar discapacidad a largo plazo. Por eso, incorporar ejercicios adaptados en la rutina diaria no es solo una recomendación: es un pilar del tratamiento integral moderno.
El ejercicio no sustituye los tratamientos médicos convencionales, pero su uso sistemático -guiado por especialistas- puede transformar significativamente el bienestar diario.
