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El 1% más rico del mundo se queda con el 41% de la nueva riqueza desde el año 2000, advierte informe del G20
Uno de los hallazgos más alarmantes es la creciente concentración de la riqueza heredada.
El planeta enfrenta una “emergencia de desigualdad”, según concluye un informe histórico encargado por el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa durante la presidencia del G20, y elaborado por el Comité Extraordinario de Expertos Independientes sobre la Desigualdad Global, presidido por el premio Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz.
El documento, presentado oficialmente el 4 de noviembre de 2025 en Johannesburgo, ofrece la radiografía más reciente y completa del desequilibrio económico y social del siglo XXI. Con datos recopilados por el World Inequality Lab (WIL), la investigación describe cómo una élite diminuta acumula cada vez más poder económico mientras amplias mayorías ven estancadas sus oportunidades de bienestar.
“La desigualdad no es un destino inevitable. Es el resultado de decisiones políticas”, afirmó Stiglitz durante la entrega del informe.
Un mundo en desequilibrio extremo
El informe revela que, entre los años 2000 y 2024, el 1% más rico del planeta capturó el 41% de toda la nueva riqueza generada, mientras que el 50% más pobre apenas accedió al 1%.
En términos absolutos, los más ricos incrementaron su fortuna en 1.3 millones de dólares en promedio, mientras la mitad más pobre del mundo apenas vio crecer su patrimonio en 585 dólares, ajustados a valores de 2024.
La investigación detalla que el 83% de los países, que representan el 90% de la población mundial, cumplen con la definición del Banco Mundial de “alta desigualdad”. Estas naciones son siete veces más propensas a sufrir retrocesos democráticos que aquellas con estructuras sociales más equitativas.
Además, la desigualdad entre individuos a escala global solo ha disminuido de forma ligera gracias al crecimiento de ingresos en China y algunos países emergentes. Sin embargo, la brecha entre el Norte Global y el Sur Global sigue siendo abismal, tanto en ingresos como en acceso a servicios básicos, innovación y representación política.
La herencia de los billonarios y el riesgo de una democracia capturada
Uno de los hallazgos más alarmantes es la creciente concentración de la riqueza heredada.
El estudio proyecta que, en los próximos diez años, se transferirán más de 70 billones de dólares (US$70 trillion) a herederos de grandes fortunas, consolidando una aristocracia económica moderna que amenaza la movilidad social y la igualdad de oportunidades.
La herencia, más que el mérito o la productividad, se ha convertido en el principal determinante de la riqueza. Este fenómeno, advierten los economistas del comité, pone en jaque los ideales democráticos: el poder económico heredado tiende a traducirse en influencia política, concentración mediática y captura de políticas públicas.
“Cuando las decisiones de gobierno benefician desproporcionadamente al 1%, la democracia deja de ser representativa y se convierte en un instrumento de perpetuación de privilegios”, advierte el documento.
Una tormenta perfecta de crisis: pandemia, guerra y tensiones comerciales
El comité atribuye la aceleración de la desigualdad a una serie de crisis encadenadas: la pandemia de COVID-19, la guerra en Ucrania, el encarecimiento de la energía y los alimentos, y las nuevas disputas comerciales y arancelarias surgidas desde 2025.
Estos eventos han provocado lo que el informe describe como una “tormenta perfecta” que está ampliando la pobreza y debilitando los mecanismos redistributivos.
Actualmente, una de cada cuatro personas en el mundo se salta comidas de manera regular, mientras la riqueza de los multimillonarios alcanza el nivel más alto de la historia, según datos citados por El País y Reuters.
La organización Fight Inequality Alliance calificó el informe como “una llamada de alarma global”, señalando que la desigualdad extrema ya no solo es un problema de justicia social, sino una amenaza estructural a la estabilidad del planeta.
Las recetas del informe: reformar reglas, impuestos y cooperación global
El comité formula un conjunto de recomendaciones estratégicas dirigidas tanto al G20 como al sistema multilateral:
- Reformar las reglas económicas internacionales, incluyendo la propiedad intelectual en sectores críticos (como pandemias y cambio climático), para garantizar acceso equitativo a medicamentos, tecnología y energía.
- Revisar la arquitectura fiscal global, con el fin de que las multinacionales y los ultra-ricos paguen impuestos justos en las jurisdicciones donde generan beneficios, evitando la evasión y el uso de paraísos fiscales.
- Adoptar políticas nacionales progresivas, que incluyan regulación pro-trabajador, reducción de la concentración empresarial, inversión en servicios públicos y sistemas tributarios basados en la capacidad real de pago.
- Fortalecer la cooperación internacional, mediante un nuevo órgano de seguimiento —el propuesto Panel Internacional sobre Desigualdad (IPI)— inspirado en el modelo del IPCC (panel climático de la ONU), para monitorear, comparar y promover acciones globales.

Estas medidas, advierten los expertos, no son utópicas: requieren voluntad política, transparencia y coordinación, pero son factibles si el G20 asume el liderazgo moral y económico que le corresponde.
Repercusiones en América Latina y el Caribe
Para América Latina -una de las regiones más desiguales del planeta- el informe tiene especial relevancia.
El Banco Mundial y la CEPAL han documentado que, tras la pandemia, el 10% más rico concentra cerca del 77% de la riqueza regional.
La estructura tributaria regresiva, la débil inversión social y la alta informalidad laboral perpetúan la brecha.
En países como la República Dominicana, donde el crecimiento económico coexiste con precariedad salarial, concentración empresarial y servicios públicos limitados, los hallazgos del G20 confirman que el desarrollo sin equidad no garantiza cohesión social ni estabilidad democrática.
La advertencia es clara: la desigualdad no solo excluye, también erosiona.
Cuando amplios sectores pierden la confianza en la justicia del sistema, aumentan el desencanto político, la desafección cívica y la vulnerabilidad ante el populismo.
El informe ofrece, por tanto, una base sólida para repensar políticas públicas nacionales orientadas a la equidad: tributación progresiva, regulación económica justa y una inversión social que priorice la educación, la salud y la protección de los más vulnerables.
Una advertencia urgente y una oportunidad histórica
El Informe sobre la Desigualdad Global 2025 del G20 y el World Inequality Lab no se limita a denunciar un problema. Propone una hoja de ruta concreta basada en evidencia y experiencia económica acumulada.
Sus autores sostienen que la desigualdad extrema no solo es insostenible, sino reversible, si las sociedades logran romper la inercia de la concentración de poder.
“El reto no es técnico, es político”, enfatiza Stiglitz. “Sabemos qué funciona; lo que falta es voluntad para hacerlo”.
La conclusión del informe es contundente: sin una acción global coordinada, la desigualdad seguirá alimentando crisis políticas, ecológicas y sociales. Pero con liderazgo ético, cooperación internacional y reformas estructurales, aún es posible construir un orden económico más justo.
Fuentes/ World Inequality Lab (wid.world) • G20.org • Reuters • El País • The Guardian • Wits University • Business Day South Africa • Fight Inequality Alliance
Imagen de portada: La Ciudad Revista
