Estudio del BID: brechas profundas y fragmentación en los servicios digitales para mujeres víctimas de violencia
- Basado en el estudio “Radiografía digital: servicios de prevención y atención de la violencia contra las mujeres”, de Dinys Luciano, Monserrat Bustelo, Nidia Hidalgo, Cristina Pombo y Agustina Suaya (Banco Interamericano de Desarrollo, noviembre 2025).
- La digitalización puede ser una herramienta transformadora si se diseña con enfoque en las mujeres: más inclusivas, más eficientes y centradas en las necesidades de las sobrevivientes
Un nuevo estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ofrece la primera “radiografía digital” de los servicios de prevención y atención de la violencia contra las mujeres en la región. El documento analiza las capacidades tecnológicas de los Mecanismos para el Adelanto de la Mujer (MAM) y muestra una conclusión clara: la digitalización avanza, pero todavía no garantiza una atención integral, continua y segura para todas las sobrevivientes.
Durante 2023, el BID aplicó dos encuestas a equipos técnicos de ministerios, secretarías e institutos de la mujer en 18 países de América Latina y el Caribe. Con esa base, el estudio construye una radiografía del ecosistema digital de los servicios de violencia contra las mujeres y organiza el análisis en cinco dimensiones: gestión de servicios, gobernanza, infraestructura, infoestructura y cultura organizacional.
La transformación digital del Estado también pasa por los servicios que atienden la violencia contra las mujeres. Pero ¿hasta dónde han llegado realmente esos cambios en América Latina y el Caribe?
El informe trabaja en dos niveles:
- una mirada regional, que identifica tendencias comunes, y
- una clasificación por grupos de países, según el grado de desarrollo de sus servicios digitales:
- Grupo 1: países donde los servicios digitales se concentran en información básica y referencias;
- Grupo 2: países que ya incorporan atención inicial y asesoría remota;
- Grupo 3: países con servicios digitales más especializados, incluyendo asesoría psicológica y legal en línea.
La fotografía que surge es heterogénea: hay avances significativos, pero también brechas estructurales que impiden consolidar ecosistemas digitales robustos y sostenibles.
Gestión de servicios: muchos canales, poca profundidad
En la dimensión de gestión de servicios, el estudio confirma que la mayoría de los países ha ampliado el abanico de canales de atención digital:
- 78 % de los países utiliza WhatsApp como medio de contacto.
- 72 % emplea redes sociales para comunicarse con las usuarias.
- Solo 11 % ha incorporado chatbots, pese a su potencial para responder consultas frecuentes y liberar tiempo de los equipos humanos.

A primera vista, esto parece un avance importante. Sin embargo, cuando se mira la oferta concreta de servicios, el panorama cambia:
- En todos los países analizados, los canales digitales sirven para informar o derivar a otros servicios.
- Solo 44 % ofrece asistencia legal en línea.
- Apenas 6 % brinda consejería grupal digital.
La integración entre lo presencial y lo digital también es limitada: solo el 28 % de los países reporta contar con modelos híbridos que permitan, por ejemplo, iniciar un proceso de atención en una modalidad y continuarlo en otra sin empezar desde cero.
En la práctica, esto significa que muchas mujeres siguen enfrentando sistemas fragmentados, donde el canal digital informa, pero no siempre acompaña ni resuelve.
Gobernanza: cuando la violencia no entra en la agenda digital
El estudio muestra que casi todos los países han adoptado estrategias nacionales de transformación digital. Pero la pregunta clave es: ¿incluyen en ellas los servicios que atienden la violencia contra las mujeres?
La respuesta es parcial: solo el 69 % de los países incluye explícitamente estos servicios dentro de sus agendas digitales nacionales.
Cuando la violencia contra las mujeres no aparece con nombre y apellido en esos planes, se abre la puerta a tres riesgos:
- falta de financiamiento dedicado,
- escaso soporte técnico,
- y menor prioridad política.
El estudio también advierte que la protección de datos es un punto sensible: apenas el 50 % de los países cuenta con protocolos específicos de seguridad, pese a que estos servicios manejan información altamente delicada: nombres, direcciones, historiales de violencia, entre otros.
El BID subraya que la protección de datos no es solo un tema técnico, sino un imperativo ético.
Infraestructura: la gran deuda de la interoperabilidad
En la dimensión de infraestructura, uno de los hallazgos más preocupantes es la baja interoperabilidad entre sistemas.
Solo 21 % de los países ha desarrollado plataformas que permitan el intercambio seguro de información entre instituciones.
Esto tiene consecuencias directas para las mujeres que buscan ayuda:
- Cada vez que son derivadas de una institución a otra,
- la información no viaja con ellas de manera automática,
- y muchas deben repetir su historia una y otra vez, con la carga emocional que eso supone.
La falta de interoperabilidad limita la capacidad de ofrecer una atención continua, coordinada y centrada en la persona usuaria.
Infoestructura: datos que se recolectan, pero se usan poco
En cuanto a la infoestructura, el BID encuentra que la mayoría de los países recolecta datos, pero no siempre los utiliza de forma estratégica.
- Solo 50 % realiza evaluaciones de riesgo para priorizar los casos más urgentes.
- Apenas 14 % cuenta con sistemas de alerta temprana que permitan anticipar situaciones críticas.
En otras palabras, se genera información, pero el potencial de esos datos para salvar vidas sigue subutilizado.
El estudio propone avanzar hacia registros digitales estandarizados y un uso más sistemático de herramientas de evaluación de riesgo y alertas tempranas, de modo que los datos sirvan no solo para registrar casos, sino también para orientar la política pública y la asignación de recursos.
Cultura organizacional: la tecnología no funciona sola
La quinta dimensión analizada es la cultura organizacional, y aquí el estudio es contundente: ningún sistema digital funciona si no hay personas suficientes y capacitadas detrás de él.
Aunque casi todos los países disponen de personal técnico para operar los sistemas digitales, en muchos casos se trata de equipos pequeños, con altas cargas de trabajo, y con responsabilidades concentradas en una o pocas personas.
Además:
- Solo la mitad de los países ofrece formación continua en competencias digitales y en la gestión de servicios en línea.
Para el BID, el fortalecimiento del capital humano no es un lujo ni un complemento, sino un factor crítico para la sostenibilidad del ecosistema digital.
Tres grupos de países, un reto común
La clasificación de países en tres grupos —información y educación; atención inicial; atención especializada— no se presenta como un ranking, sino como distintos puntos de partida en un proceso dinámico de transformación digital.
- Los países del Grupo 1 necesitan consolidar primero herramientas básicas y registros estandarizados.
- Los del Grupo 2 deben integrar mejor sus servicios presenciales y digitales, y fortalecer seguridad e interoperabilidad.
- Los del Grupo 3 enfrentan el desafío de robustecer la infraestructura y garantizar altos estándares de protección de datos y coordinación con sectores como salud, justicia y seguridad.
Pero, en cualquiera de los tres grupos, el reto compartido es claro: avanzar hacia modelos híbridos, seguros y sostenibles, centrados en las necesidades de las sobrevivientes.
La hoja de ruta: cinco frentes para una transformación real
A partir del diagnóstico, el BID propone una hoja de ruta articulada en las cinco dimensiones estudiadas:
- Gestión de servicios
- Consolidar modelos híbridos que integren atención presencial y digital.
- Ampliar la oferta más allá de información y referencias, incorporando servicios como consejería grupal o acceso a refugios en línea.
- Automatizar procesos clave (citas, flujo de atención, comunicación con usuarias).
- Gobernanza
- Integrar explícitamente los servicios de violencia contra las mujeres en las estrategias nacionales de transformación digital.
- Alinear los planes de los MAM con las agendas digitales del Estado.
- Fortalecer normativas de seguridad de datos y garantizar financiamiento y soporte técnico sostenido.
- Infraestructura
- Mejorar la interoperabilidad mediante estándares comunes y protocolos de intercambio seguro de información.
