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Familia: donde nace el cambio
Yanira Fondeur
Promoviendo la Paz
El próximo miércoles 15 de mayo se conmemora el Día Internacional de la Familia, y desde este espacio de promoción de paz recordamos que contar con seres queridos que nos acepten, estimulen y apoyen siempre constituye una gran bendición.
La efeméride nos invita a reflexionar ¿Cómo nos estamos relacionando a nivel familiar?, ¿Nos comunicamos en forma asertiva?, ¿Escuchamos activamente las opiniones de nuestros familiares ?, ¿Respetamos las diferencias?, ¿Resolvemos los conflictos a través del diálogo o mediante la violencia?
Según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), tres de cada cinco matrimonios terminaron en divorcio en el país el pasado año, revelando la profunda fragilidad en los vínculos familiares y planteando la necesidad de promover relaciones más sanas, basadas en la corresponsabilidad, respeto y comunicación.
No olvidemos jamás que los cambios que deseamos ver en el plano familiar, laboral o social deben comenzar en lo personal. Debemos tomar conciencia de si estamos ofreciendo día a día lo mejor de nuestro ser, o si, por el contrario, adoptamos una actitud de desvalorización, lamentos y criticas que no edifican.
La familia debe ser la primera escuela del amor, la protección, los cuidados, la solidaridad y el respeto. Educar con violencia, bajo la excusa de que así fuimos criados, solo genera daños emocionales y físicos que laceran el desarrollo de la niñez.
Recientemente, un tribunal colegiado de la provincia de la Altagracia condenó a 30 años de prisión a una tía que provocó la muerte de un sobrino, de apenas 8 años, tras infligirle 147 lesiones en todo su cuerpo mediante actos de tortura en el año 2024.
No se trata de ser padres, madres o tutores permisivos, sino de establecer límites claros y promover una disciplina positiva, que no hiera al ser humano que representa el infante o adolescente. Se trata de orientar hacia una conducta correcta sin recurrir a la agresión.
La violencia se aprende en casa, pero el buen ejemplo también. Si gritamos, menospreciamos o agredimos físicamente de forma constantes, lesionaremos la autoestima de nuestros hijos. Ellos crecerán más inseguros y vulnerables, y normalizarán la violencia como forma de resolver los conflictos cotidianos.
Bien dice un refrán popular: “se cosecha lo que siembra”. Cuando dialogamos la familia fortalece la unión, la armonía y la confianza y se abre a recibir sabios consejos.
Si queremos convivir en la sociedad pacíficamente, debemos fortalecer y fomentar el respeto, el amor y los cuidados en nuestras familias. Al convertirnos en multiplicadores de estos valores, seremos ejemplo y contagiaremos a otros en la misión de cuidar a nuestros seres queridos, que son y serán verdaderos tesoros de vida.
Amor y paz para las familias.
La autora es la presidenta de la Fundación Vida Sin Violencia.
@Yanira_Fondeur
