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Fotoperiodismo y feminicidios: el desafío de informar visualmente sin caer en la revictimización
La difusión de imágenes y videos relacionados con feminicidios ha abierto un debate creciente en medios de comunicación, redes sociales y espacios académicos sobre los límites éticos del fotoperiodismo y la responsabilidad de informar sin revictimizar a víctimas y familias.
Diversas guías internacionales de cobertura sobre violencia de género coinciden en que las imágenes también construyen narrativa social y pueden influir en la manera en que la sociedad percibe la violencia contra las mujeres. Por ello, organismos y manuales especializados recomiendan evitar fotografías explícitas, escenas degradantes y contenidos audiovisuales que transformen el sufrimiento humano en espectáculo o consumo viral.
ONU Mujeres advierte que la espectacularización de feminicidios y la reproducción masiva de contenidos violentos contribuyen a deshumanizar a las víctimas y desplazar la atención del problema estructural de la violencia de género. El organismo plantea que el foco de la cobertura debe dirigirse hacia la comprensión de las causas, la prevención y las respuestas institucionales, y no únicamente al impacto visual del crimen.
La UNESCO también recomienda evitar escenas explícitas y detalles visuales innecesarios que profundicen el trauma de hijos, familiares y allegados. Sus orientaciones sostienen que la cobertura debe realizarse desde una perspectiva ética y de derechos humanos, priorizando la sensibilización social sobre el sensacionalismo.
El desafío de informar visualmente
Las guías especializadas señalan que el fotoperiodismo enfrenta un desafío particular en casos de feminicidios: informar visualmente sin caer en la revictimización ni en el morbo.
“La cobertura en imágenes de casos de femicidios es un desafío intelectual”, señala uno de los documentos consultados, que advierte sobre la necesidad de “informar desde una perspectiva de género sin traicionar la esencia del fotoperiodismo”.
Los manuales indican que estos crímenes no deberían tratarse visualmente como parte de la “crónica roja” tradicional ni reproducir los mismos códigos asociados a coberturas policiales o amarillistas. Por ello, recomiendan evitar imágenes de cuerpos sin vida, rastros de sangre, escenas explícitas o fotografías orientadas únicamente a provocar impacto emocional.
La Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), en su guía sobre cobertura de violencia de género, advierte que “los detalles sólo generan mayor dolor” y llama a no utilizar imágenes degradantes ni contenidos que conviertan los feminicidios en espectáculo mediático.
El impacto sobre hijos y familiares
Uno de los puntos más sensibles abordados por las guías es el impacto emocional que puede provocar la difusión reiterada de imágenes violentas en hijos, familiares y personas cercanas a la víctima.
Las recomendaciones advierten que la circulación permanente de fotografías o videos en redes sociales puede profundizar el trauma emocional, revictimizar a las familias y mantener vivo el dolor de manera constante en plataformas digitales.
Por ello, los documentos recomiendan evitar la exposición de menores de edad, no revelar información que facilite su identificación y abstenerse de entrevistar niños y adolescentes afectados por estos hechos.
Las orientaciones también sugieren evaluar cuidadosamente el uso del rostro de las víctimas. Mientras algunos sectores consideran que mostrar la imagen ayuda a humanizar y visibilizar el caso, otros entienden que puede convertirse en una carga emocional para familiares y allegados.
Ante ese debate, las guías recomiendan consultar el sentir de la familia y evitar fotografías asociadas directamente a la escena del crimen o imágenes que generen victimización secundaria.
El riesgo de normalizar la violencia
Especialistas y organismos internacionales advierten además que la exposición masiva de imágenes violentas puede contribuir a la normalización e insensibilización social frente a la violencia extrema contra las mujeres.
Las guías sostienen que cuando los feminicidios son tratados desde el impacto visual o la espectacularización, la discusión pública puede desplazarse desde las causas estructurales del problema hacia el consumo inmediato del contenido.
También alertan sobre el posible efecto de imitación o notoriedad que puede provocar la viralización de asesinatos violentos, especialmente cuando estos reciben tratamiento sensacionalista o se convierten en tendencia en plataformas digitales.
Informar no implica mostrarlo todo
Las recomendaciones internacionales coinciden en que el deber de informar no obliga a exponerlo todo.
Por el contrario, sostienen que el periodismo responsable debe equilibrar el derecho a la información con la protección de la dignidad humana, el respeto a las víctimas y la sensibilidad frente al dolor de las familias.
Los manuales recomiendan que cada imagen pase por una evaluación editorial rigurosa y que los medios prioricen fotografías o recursos visuales que ayuden a contextualizar el fenómeno de la violencia de género sin convertir la tragedia en entretenimiento visual.
Para los organismos especializados, el debate no se limita únicamente a qué ocurrió, sino también a cómo se muestra y cuáles efectos puede producir esa narrativa visual sobre la sociedad.
En tiempos de consumo instantáneo y viralización digital, sostienen, la ética periodística adquiere un papel aún más determinante frente a contenidos relacionados con violencia extrema y derechos humanos.
Fuente: ONU Mujer y UNESCO.
Editor: Fernando Quiroz
