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Irán, hueso duro de roer en la guerra con EE.UU.
Manuel Díaz Aponte
Cuatro meses de una guerra que ha alterado y desestabilizado la economía mundial es una carga muy pesada. Y se advierte cansancio.
El liderazgo mundial ha tratado este conflicto en innumerables ocasiones, con reuniones entre los presidentes Donald Trump, Xi Jinping y recientemente Vladimir Putin.
China y Rusia tienen particularmente intereses comunes y estratégicos en Irán, y juntos han defendido al régimen iraní buscando interceder ante la Casa Blanca para que concluya el impasse.
La confrontación lleva un balance de miles de muertes, destrucciones masivas y la subida constante de los precios de los principales hidrocarburos, particularmente la gasolina y el gas.
La reciente cumbre (finales de mayo) en tierras asiáticas entre los presidentes de EE.UU., Donald Trump y de China, Xi Jinping, fue un magnífico escenario para discutir y delinear conceptos sobre el predominio mundial. Ambos abordaron cuestiones de comercio, tecnología, cooperación y geopolítica.
Allí, estuvo como uno de los principales temas de la agenda bilateral la guerra de Estados Unidos e Irán, donde predominó el interés de la potencia oriental para que finalice la confrontación armada.
Días después, realizó una visita de Estado el líder y presidente de Rusia, Vladimir Putin, quien ha estado en 25 ocasiones en China, desde que arribó al poder en Rusia el 31 de diciembre de 1999, cuando el entonces presidente Borís Yeltsin renunció y lo nombró presidente interino.
Posteriormente, ganó las elecciones presidenciales y desde el 7 de mayo del 2000 dirige los destinos de la República Federativa de Rusia.
Putin está librando una intensa guerra con Ucrania que comenzó el 24 de febrero de 2022, provocando la destrucción de ciudades e infraestructuras ucranianas, así como millares de muertos y desplazados.
El líder y presidente chino, Xi Jinping, exhortó a los mandatarios visitantes a terminar con los conflictos armados y buscar alternativas de cooperación y acercamiento basado en una agenda bilateral que viabilice el desarrollo de la humanidad.
Hay que admitir y reconocer que la República Islámica de Irán es muy difícil de derrotar porque su población cultural y espiritualmente está siempre decidida a luchar hasta morir, y en muchos casos, a inmolarse. Obviamente, su poderío militar lo determina.
¿Cuándo finalizarán las guerras?
En la guerra que libra actualmente con Estados Unidos e Israel, que ya cumplió cuatro meses, los iranies siguen combatiendo pese al asesinato de su líder histórico, el ayatolá Alí Jamenei, el 28 de febrero de 2026 a los 86 años por ataques estadounidenses.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, “alentado” por su aliado Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, pensó que sería una operación militar rápida dada la potencialidad en armamentos y efectivos desplegados frente a las costas de Irán.
Ha sido lo contrario, la guerra lleva cuatro meses intensificando y en ocasiones ha caído en el “limbo y cansancio” dada la tenacidad y repliegue de las fuerzas iraníes aglutinadas en la Guardia Revolucionaria de Irán.
Ello ha impedido el despliegue físico de las tropas estadounidenses en territorio iraníes dejando que los ataques sean a través de aviones, misiles, drones y helicópteros.
El enfrentamiento “cuerpo a cuerpo” no se ha producido y, por el contrario, el uso de las tecnologías militares sofisticadas sigue sustituyendo a los otrora combates físicos.
El barril de pólvora ahora simbolizado por los temibles y destructores misiles y drones se han expandido en casi todo el Medio Oriente, llegando a impactar a países como los Emiratos Árabes Unidos, Catar, Jordania, Irak y el Líbano.
Resolución contra la guerra
Mientras, en EE.UU. aumentan las presiones contra la administración de Trump para que retire sus tropas de Irán y la Cámara de Representantes recientemente aprobó una resolución que tuvo el respaldo de republicanos y demócratas demandando el fin del conflicto.
Trump ha dicho varias veces que la guerra está llegando a su fin, pero todavía siguen los bombardeos con lanzamientos de misiles y drones en el territorio de Irán, que también responde con su maquinaria defensiva.
Los iraníes reiteradamente han planteado que están preparados para una guerra de largo alcance obviando la embestida del aparato militar estadounidense. Su población civil entrenada y acostumbrada a los conflictos armados con Israel, no muestra cansancio ante este escenario bélico que ha motivado el desplazamiento de una formidable logística militar, incluyendo a miles de soldados, equipos pesados, aviones, drones y helicópteros.
Irán está gobernado de manera interina por un consejo de tres miembros encabezado por el presidente Masoud Pezeshkian, el ayatolá Ali Reza Arafi y el jefe del Poder Judicial Gholam Hossein Mohseni Ejei.
Tras la muerte del Líder Supremo Alí Jamenei, quien concentraba la máxima autoridad política, militar y religiosa del país, se activó un mecanismo constitucional de transición. La Constitución iraní establece que la Asamblea de Expertos, compuesta por 88 clérigos, elegirá al nuevo Líder Supremo.
Mientras Estados Unidos y Rusia consumen energías, recursos económicos y provocan muertes de sus soldados en ambos conflictos, la República Popular de China se enrumba en consolidar y blindar su economía a escala mundial.
Ya nadie discute que se trata de la principal economía en auge y expansión a nivel global y su peso específico en la geopolítica actual es determinante. Sigilosamente, sin lanzar una granada la política exterior que enarbola Xi Jinping logra captar nuevos socios comerciales y expandir la producción local en un mundo cada vez más complejo, competitivo y en auge de crecimiento tecnológico e innovaciones industriales.
De hecho, China no interviene directamente en una guerra a gran escala desde 1979, en la denominada “Guerra Sino-vietnamita en 1979. El conflicto comenzó el 17 de febrero de 1979, extendiéndose por un mes cuando se retiraron las tropas chinas.
EE.UU.-China
En su banquete de gala de bienvenida ofrecido a Trump, varios de sus funcionarios y una nutrida delegación de empresarios estadounidenses reunidos en el Gran Palacio del Pueblo, Beijing, a finales de mayo pasado, el presidente Xi Jinping puntualizó:
“En el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, los más de 300 millones de estadounidenses están revitalizando el espíritu de patriotismo, innovación y emprendimiento, e inaugurando un nuevo capítulo en la historia de la nación”, dijo.
Posteriormente, enfatizó que: “Los pueblos de China y Estados Unidos son dos grandes pueblos. La gran revitalización de la nación china y hacer a América grande de nuevo pueden ir de la mano. Podemos ayudarnos mutuamente a triunfar y llevar prosperidad a todo el mundo”.
Ciertamente, si así lo hicieran las dos principales potencias económicas y militares del planeta no habría pobreza en ninguna nación. Por el contrario, aumentan las riquezas, empleos y prosperidad en un mundo agobiado por guerras y gastos innecesarios en seguridad.
Lo que debe primar en las políticas globales de Estado es el bienestar de las gentes, la eliminación de pobrezas y la creación de innovaciones tecnológicas que permitan a los jóvenes integrarse a labores productivas innovadoras y rentables.
Tras superar los agravios, enfrentamientos y aplicación de sanciones comerciales mutuas, ahora la comunidad mundial espera que esa confraternidad actual entre Estados Unidos y China perdure en el tiempo y que efectivamente, permita la transformación del mundo.
Artículo de Manuel Diaz Aponte
