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Las cifras también salvan vidas
Yanira Fondeur
Promoviendo La Paz
Cuando una mujer es asesinada por su pareja o expareja, no sólo se pierde una vida. También quedan huérfanos, familias destrozadas y una sociedad consternada. Por eso, las estadísticas de feminicidios no son un simple ejercicio numérico; constituyen una herramienta esencial para diseñar, implementar y evaluar políticas públicas eficaces, orientadas a prevenir la violencia y salvar vidas.
En múltiples ocasiones he escuchado a comunicadores expresar que contar las víctimas no es lo importante. Sin embargo, las estadísticas no deshumanizan el problema; por el contrario, permiten visibilizar indicadores esenciales para comprender la magnitud y orientar acciones que contribuyan a proteger a las mujeres y evitar nuevas tragedias.
Desde el año 2026, en la Fundación Vida Sin Violencia registramos las zonas del país donde ocurren más feminicidios, el número de hijos e hijas que quedan en la orfandad, las edades de las víctimas y de los agresores, el tipo de arma utilizada, el lugar del hecho, la frecuencia de los casos, víctimas menores de edad, embarazadas y la participación de miembros de la Policía Nacional o de las Fuerzas Armadas.
Estos datos son fundamentales para que las autoridades puedan diseñar respuestas ajustadas a la realidad y distribuir los recursos de manera más eficiente.
Detrás de cada cifra hay una mujer con sueños, proyectos y afectos. Hay hijos e hijas que quedan en la orfandad, familias devastadas y comunidades marcadas por el dolor.
Entendemos que lo que no se mide difícilmente puede comprender y sin comprensión es más complejo prevenir y erradicar la violencia.
Por ello, resulta necesario que las autoridades puedan responder las siguientes preguntas esenciales: ¿Han disminuidos los feminicidios?, ¿Aumentaron las denuncias? ¿Más mujeres reciben protección? Sin medición es imposible determinar si una política pública debe mantenerse, fortalecerse, modificarse o sustituirse.
La violencia contra las mujeres es un grave problema social que exige respuesta integral y su prevención debe ser considerada una prioridad nacional.
La mejor respuesta frente a los feminicidios sigue siendo educar para promover relaciones basadas en el respeto, la igualdad, la empatía, el autocontrol y la cultura de paz. También implica fortalecer los sistemas de protección y atender las señales de riesgo.
No podemos, como sociedad, normalizar la violencia. Prevenir, detectar riesgo y actuar a tiempo es una responsabilidad colectiva porque detrás de cada vida que logramos proteger hay hijos e hijas que conservan a sus madres, familias que no se destruyen y una sociedad que avanza hacia una convivencia más justa, segura y en paz.
La autora es la presidenta de la Fundación Vida Sin Violencia
@Yanira _Fondeur
