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Nuevo año escolar: entre la esperanza y el desafío
Editorial
El 25 de agosto inicia un nuevo año escolar en la República Dominicana y, con él, regresan las expectativas, los retos y las viejas carencias que arrastramos como país. Padres, maestros y estudiantes regresan a las aulas con la esperanza de que algo cambie, de que la educación avance al ritmo que exige el siglo XXI, y que el Estado garantice, por fin, el derecho a una educación pública de calidad.
Sin embargo, la realidad vuelve a sacudirnos. Las mismas denuncias de cada año: falta de cupo en escuelas públicas, infraestructuras deterioradas, déficit de docentes y materiales básicos ausentes. Todo esto ocurre a pesar de que el Ministerio de Educación sigue contando con uno de los presupuestos más altos del aparato estatal. ¿Dónde están los resultados? ¿Por qué no se traducen en cifras más esperanzadoras?
La inversión educativa debe ser más que un dato contable. Debe reflejarse en aprendizajes significativos, en escuelas seguras y funcionales, en niños que lean y escriban con comprensión, y en jóvenes capaces de razonar, crear y cuestionar.
En una época marcada por la hiperconectividad, las distracciones digitales y la sobreexposición a pantallas, el sistema educativo tiene el deber de ajustarse para conectar con los estudiantes. Ya no basta con llenar aulas: hay que captar la atención, fomentar la curiosidad y cultivar el pensamiento crítico. Pero para lograr eso, hay que enfrentar sin evasivas una tendencia preocupante: el auge de la cultura del menor esfuerzo, exacerbada por el mal uso de la inteligencia artificial en tareas escolares.
Hoy muchos estudiantes optan por respuestas automáticas antes que por ideas propias. Usan la tecnología para evitar pensar, y en ese proceso se entrena una generación a la superficialidad, no a la profundidad. La escuela no puede hacerse cómplice de ese engaño. Es hora de enseñar a nuestros hijos que pensar sigue siendo el acto más revolucionario.
Si queremos una República Dominicana con ciudadanos críticos, libres y capaces de transformar su realidad, debemos empezar por tomarnos en serio la educación. Eso implica exigir más del sistema, pero también asumir responsabilidades como sociedad. El inicio del año escolar no puede ser solo una ceremonia. Debe ser un punto de partida hacia una nueva forma de enseñar y aprender. Hacia una educación que, esta vez sí, valga la pena.
