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Por un nuevo año escolar con más paz en las aulas
Yanira Fondeur
Promoviendo la Paz
Cada inicio del año escolar representa mucho más que el regreso a las aulas. Es una nueva oportunidad para aprender, crecer y construir relaciones basadas en el respeto, la empatía y los buenos tratos.
Los centros educativos no sólo forman en conocimientos, sino en actitudes y maneras de relacionarnos que pueden contribuir a prevenir la violencia y a construir la sociedad pacífica que merecemos. Por ello cada nuevo año escolar debe ser también una oportunidad para educar para la paz.
Valoramos el esfuerzo del ministro de Educación en duplicar la presencia de psicólogos u orientadores para fortalecer el acompañamiento emocional en detección temprana de los conflictos, así como acciones dirigidas al fortalecimiento de la salud mental y la convivencia escolar, las nuevas políticas frente al ciberacoso y la violencia digital, así como las capacitaciones a docentes.
Sin embargo, para lograr un impacto sustancial de estas medidas, es necesario contar protocolos sostenidos y efectivos de detección, denuncia, intervención y seguimiento, con la participación del personal especializado en conducta y salud mental.
Recordemos que la escuela también refleja, en buena medida, las creencias, aptitudes y conductas que los estudiantes observan en sus hogares. Si normalizan la resolución de conflictos mediante la violencia, existe el riesgo de que reproduzcan esas conductas cuando enfrenten diferencias con sus compañeros o compañeras.
Durante el pasado año escolar se registraron requisas de armas blancas en centros educativos, agresiones de estudiantes a docentes y viceversa, así como situaciones de bullying entre pares. Por ello, es necesario que cada centro cuente con una estrategia activa y permanente de prevención de violencia.
La educación emocional, la mediación de conflictos y las masculinidades respetuosas son determinantes para el fomento una cultura de paz. También resulta imprescindible fortalecer detección temprana de señales de riesgo y garantizar la protección efectiva y oportuna de los niños, niñas y adolescentes.
En ese sentido, tanto docentes como estudiantes deben estar debidamente capacitados para identificar primeras señales de violencia, abuso o acoso, que pueden manifestarse a través de cambios de comportamientos, indicadores físicos y académicos, señales emocionales y actitudes repentinas.
El aislamiento, la irritabilidad, las faltas injustificadas, el bajo rendimiento escolar, deterioro de la apariencia física, el uso de uniformes rotos, la pérdida de pertenencias, los materiales escolares dañados, las quejas recurrentes de dolores de cabeza y estómago, así como nerviosismo ante determinados compañeros, la baja autoestima figura entre las señales que pueden indicar que un estudiante está siendo víctima de violencia.
Abogamos por el compromiso de las autoridades, las familias y toda la comunidad educativa para construir un nuevo período escolar en el que prevalezca el respeto, los buenos tratos y el trabajo de equipo. Una sociedad en paz comienza, también, en nuestras escuelas.
La autora es la presidenta de la Fundación Vida Sin Violencia
@Yanira_Fondeur
