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Violencia que se aprende…. y se permite
Yanira Fondeur
Promoviendo la Paz
¿Qué diría nuestro padre de la patria, Juan Pablo Duarte, al conocer que, en el liceo que lleva su nombre se estima que, al menos, ¿seis profesores han sido agredidos físicamente por estudiantes? Como sociedad debemos tener claro que nada justifica la violencia, y ante estos hechos indignantes, esperamos una investigación exhaustiva y la debida sanción a los responsables.
La más reciente víctima de agresión por parte dos adolescentes, de 15 y a 17 años, fue un educador de Lenguas Modernas, quien terminó con siete suturas en la nariz, fruto de las agresiones recibidas, presuntamente con piedras, butacas, un zafacón y una correa.
Urge fortalecer la prevención temprana en los centros educativos mediante la detección oportuna de conductas de riesgo, el acompañamiento socioemocional del estudiantado y la aplicación efectiva de los protocolos de convivencia escolar, a fin de evitar la escalada de hechos violentos y garantizar entornos seguros para la comunidad.
La dirección comunicó que los estudiantes fueron suspendidos y una comisión está investigando el caso. Nos preguntamos: ¿se investigaron las otras cinco agresiones físicas que, según se informa, se registraron con anterioridad?, ¿Se sancionó con justicia a los agresores?, ¿A qué se debe la reiteración de estos hechos violentos?, ¿Falta supervisión?,¿Se carece de educación en valores esenciales como el respeto?
Los centros escolares son los segundos hogares del alumnado; sin embargo, la enseñanza primaria en valores morales ha de iniciarse en el entorno familiar. Insistimos en que la violencia es una conducta aprendida y normalizada que se produce en todos los ámbitos y que jamás debe ser justificada.
Lamentablemente vivimos en una sociedad en la que una parte de la población entiende que la solución a todo tipo de conflictos es la violencia y esa errada percepción destruye las relaciones interpersonales.
Todo tiene sus límites y el respeto ha de primar en ambas direcciones: del profesorado al alumnado y viceversa.
Las escuelas han de operar como centro de educación para la paz, donde reine la empatía, la solidaridad y el reconocimiento mutuo, con miras a fortalecer la convivencia pacífica que todos merecen.
Existe un protocolo de convivencia pacífica para los centros educativos del país, cuyo personal calificado debe velar por su cumplimiento, a fin de que estos hechos lamentables no se repitan y ni sean imitados por ausencia de un régimen de consecuencias.
Juan Pablo Duarte fue un líder de visión solidaria, inclusiva, con vocación de servicio, honestidad y transparencia. Por ello, las autoridades de ese liceo han de velar porque esas cualidades prevalezcan, constituyéndose un centro modelo de relaciones sanas y respetuosas.
Procurar la convivencia pacífica en todos los ámbitos es también una responsabilidad diaria de todos los ciudadanos.
La autora es la presidenta de la Fundación Vida Sin Violencia
@Yanira_Fondeur
