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El encuentro con tu propio valor
Mi invitación en este día, en el que recordamos el valor de las mujeres, es a trabajar nuestras capacidades. A reconocer nuestro valor como personas, no como objetos. A entender que debemos pedir y fomentar respeto desde nuestro propio respeto.
Por Miralba Ruiz
Exclusivo para Aplatanao News
Quisiera empezar este escrito con la cita de un poema de la escritora Rupi Kaur:
“Estoy parada sobre los sacrificios de millones de mujeres que estuvieron antes que yo, y pienso:
¿qué puedo hacer para que esta montaña sea más alta, y así ayudar a que las mujeres que vengan después que yo puedan ver aún más lejos?”
Y trato, desde que tengo conciencia de mi femineidad, de hacerlo. De lograr más espacios para las que vienen.
Mucho se ha hablado de los logros de las mujeres a través de los siglos: a veces reconocidos, muchas otras veces silenciados por el Efecto Matilda, ese fenómeno que suprime la contribución de las mujeres en el desarrollo de inventos o investigaciones, atribuyendo con frecuencia su trabajo a colegas masculinos. Esto ha ocurrido durante siglos, y aunque hemos logrado avances y mayor visibilidad, aún queda camino por recorrer.
También hemos escuchado del famoso “techo de cristal”, esa barrera cultural e invisible que impide a las mujeres ascender a puestos de alta dirección a pesar de su cualificación. Son obstáculos basados en estereotipos, sesgos y normas sociales y organizacionales que limitan el progreso profesional. Poco a poco vamos rompiendo esos paradigmas y avanzamos.
Aun nos falta mucho camino, pero es innegable que avanzamos.

En este escrito quiero que pongamos la mirada más bien en nuestro interior: en los logros y barreras que internamente hemos superado, los estigmas que hemos derribado y los estereotipos que vamos dejando atrás. Ese trabajo empieza desde adentro, redescubriendo nuestro propio valor y reconociéndonos capaces, desde nuestras fortalezas y también desde nuestras debilidades. Desde nuestra singularidad.
En los medios de comunicación, por mucho tiempo (como en otras áreas de la sociedad), el rol femenino ha estado marcado por lo estético y lo ornamental. No tiene nada de malo tener un físico atractivo o cuidarse; lo que no puede suceder es que eso sustituya la sustancia y la preparación, porque para ti, mujer, ese “negocio” no es sostenible.
En una era en la que la viralidad se logra muchas veces de manera extravagante, en la que los modelos de negocio de los medios han cambiado y la forma de servir contenido es más abierta, la formación académica, la preparación y la instrucción serán siempre tu mejor apuesta a la permanencia y a la evolución. Hay cosas que no pasan -ni pasarán- de moda.
En mis 27 años de carrera he visto entrar y salir muchas figuras. Algunas muy talentosas, hermosas y carismáticas; sin embargo, en muchos casos, ha sido esa falta de cimientos, de fe en su capacidad más allá de lo físico, la que ha impedido su evolución y, consecuentemente, su crecimiento y permanencia en los medios de comunicación.
Mi invitación en este día, en el que recordamos el valor de las mujeres, es a trabajar nuestras capacidades. A reconocer nuestro valor como personas, no como objetos. A entender que debemos pedir y fomentar respeto desde nuestro propio respeto.
A creer y confiar más en nuestras neuronas que en nuestras medidas o en el largo de nuestro cabello. A mirarnos con seguridad, una seguridad que nace de saberte valiosa porque aportas, porque sabes, porque puedes.
Sí, el camino aún es largo, pero el primer paso empieza profundamente dentro de ti: en lo que tú reconoces que eres, en lo que tú aceptas, en dónde tú misma te quieras colocar.
Y es eso, es desde ahí, lo que definirá gran parte de tu camino.

EJES
- El valor de la mujer nace desde adentro, no desde lo que otros deciden ver.
- La preparación y la sustancia son la base de la permanencia, nunca lo superficial.
- Los estigmas, techos y silencios se rompen primero en la mente y luego en la sociedad.
- El respeto hacia la mujer comienza en el respeto que ella misma se reconoce.
- El camino es largo, pero el primer paso es descubrir tu propio valor
Fotos/ Miralba Ruiz
